jueves, 26 de enero de 2012

De la guerra y la crisis económica :.


¿ Podemos descartar la posibilidad de que tras la crisis venga la temida guerra?. 

Han sido muchos los estudiosos del comportamiento social los que han descrito como la guerra primitiva surge siempre del punto de inflexión que se produce ante los aumentos de población, y producción que se dan tras las carestías provocadas por el combate anterior.
El tamaño de la población en el que empiezan a producirse las deficiencias nutritivas y la degradación constituye el limite superior de lo que los ecólogos llaman capacidad de sustentación del hábitat. La mayor parte de las sociedades primitivas poseen mecanismos institucionales para restringir e invertir el crecimiento demográfico por debajo de la capacidad de sustentación. La guerra primitiva no es ni caprichosa ni instintiva, simplemente constituye uno de los mecanismos de interrupción que ayudan a mantener las poblaciones humanas en un estado de equilibrio ecológico con sus hábitat. La guerra actual a base de armas nucleares, puede intensificarse hasta el punto de la aniquilación mutua total. Para algunos, la repetición de acontecimientos históricos es sinónimo de falta rigor en el razonamiento o carencias en el análisis de los hechos históricos mas relevantes. Estos hechos, se repiten muchas veces con una asombrosa similitud, que hace las delicias de los amantes de la especulación esotérica. Hace unos días el hundimiento del Costa Concordia, rememoró en muchos de estos gurús y autoproclamados visionarios otro acontecimiento: el hundimiento del Titanic. Alguno incluso ha establecido paralelismos de otros hechos cercanos en el tiempo, como el Crack del 29 y la Segunda Guerra Mundial, creando un panorama apocalíptico confirmado tanto por los acontecimientos antropólogicos, como por los acontecidos accidentales o fruto de la casualidad.


Mas allá de conjeturas místicas, debemos admitir que la guerra es una manifestación social y masiva de un comportamiento humano. Cualquiera de nosotros podría reconocer nuestra disposición a sacrificar nuestra integridad física, por razonamientos o cuestiones que no inciden directamente (al menos a corto plazo) a nuestras funciones vitales primarias. Es decir: estaríamos dispuestos a pelear por un hijo, un familiar, un amigo, una pareja o cualquier persona sobre la que pensemos o creamos, que nos beneficiará el mantener una relación objetiva de coresponsabilidad. Todo lo anterior dentro de un esquema de sacrificios de la propia libertad que asumimos mutuamente y que como el ser social que somos, se incluye en nuestro comportamiento . Ésto se ha fundamentado en el principio de empatía, pero el razonamiento humano incluye también de manera inconsciente la posibilidad de pelear (poniendo en peligro nuestra integridad física), por otras causas de carácter inmaterial que entendemos nos podrían afectar en un futuro; ya sea porque podrían incidir en nuestra integridad física, como en la de nuestros protegidos, todo ello dentro de la subjetividad propia de nuestra particular escala de valores: nuestro honor, nuestro país, nuestros ideales, etc. 
El optar por pelear o por no hacerlo, depende en buena medida de la cantidad de información que se tenga sobre un determinado asunto. Así pues la información evita que los mecanismos animistas, hagan mella en nuestro subconsciente y nos sintamos abocados a tener que combatir como única solución posible a nuestros problemas futuros. La información ha sido deliberadamente transformada y ocultada por los intereses de ciertos individuos o colectivos que aprovechando las características del modelo organizativo burocrático vertical, han construido realidades ficticias, alterando con ello la capacidad de razonamiento, no sólo de sus subordinados, si no del entorno social con el que se relacionan. Si hay un ejemplo de esa manipulación en el que la información es crucial es en los intentos fallidos de golpe de Estado. Es éstos casos donde algunos de los mecanismos de la cadena burocrática han fallado por la irrupción de información que ha retornado a alguno de los emisores y ha afectado la creación de esa realidad.
La observación científica de niños y homínidos mas simples, demuestra que una de las causas mas comunes de las peleas y reyertas es la posesión de objetos deseados. La división del mundo (el invento del Estado http://gildelacopa.blogspot.com.es/2012/06/la-nueva-y-necesaria-utopia.html) en naciones muy ricas y muy pobres (el tener y el no tener) es una espoleta potencial de una explosión bélica. Aunque algunos mecanismos psicológicos aportan luz sobre las causas de las guerras y las reacciones de los pueblos a lo largo de las mismas, no es siempre el animismo la razón por la que se atribuyen a todos los acontecimientos mundiales la actividad deliberada de la voluntad humana o sobrehumana. Lo que si es cierto es que cuando esa voluntad es mala,se le atribuye a otro grupo, así, la única solución contra tal mal,es exterminar a los causantes..Algunos antropólogos sostienen que la guerra fue una practica muy común entre los cazadores y recolectores del Paleolítico. Lo mas probable es que las guerra en este periodo se diera a pequeña escala y de forma esporádica entre cazadores y recolectores. Los mecanismos de retroalimentación y las diversas fuentes que nos ofrecen las tecnologías de la información, están atenuando los efectos que produce, tanto la ocultación y modificación de la información, como la rigidez del modelo social jerárquico burocrático. El considerar la guerra como una característica propia del ser humano, supone dar el primer paso para la comprensión de nuestros mecanismos de cohesión social. Es una evidencia que el hombre es un animal omnivoro, aunque eso no signifique que no pueda ser vegetariano. De la misma manera, no podemos negar que el hombre es un animal instintivo ante la ausencia información y que ese desconocimiento se puede traducir en una violencia defensiva. Por tanto utilizando el mismo razonamiento podemos concluir que no significa que no se pueda utilizar la violencia de forma ofensiva, si no que en este caso (de manera consciente) la información sobre la necesidad de atacar ha sido modificada dentro de una sociedad cerrada, por el mismo mecanismo antes descrito. El hombre aislado es un ser neutral; las sociedades y sus distintos medios de cohesión fuerzan al hombre a adoptar ciertos comportamientos para proteger ese entorno que le permite desarrollarse en plenitud. La mayor parte de nosotros preferiría considerar la guerra, no como una salvaguardia, sino como una amenaza a relaciones bien fundadas, provocada por una conducta incontrolable e irracional, sin embargo al estudiar los pueblos primitivos son muchos los que afirman que la guerra es un estilo de vida ecológicamente adaptativo, no que las guerras sean ecológicamente adaptativas. Ello supondría que el mecanismo de la guerra en los pueblos primitivos no tenía como fin los efectos reguladores de la guerra sobre la población de uno u otro país, sino sobre la población de la región  en su totalidad. La guerra primitiva no alcanza sus efectos reguladores principalmente por las muertes ocurridas en el combate. Las bajas habidas no afectan de una manera sustancial al índice de crecimiento demográfico, ni siquiera entre las naciones que practican formas industrializadas de matar. Las decenas de millones de muertes provocadas por las batallas del SXX solo constituyen una ligera vacilación en el implacable empuje ascendente de la curva de crecimiento de la población. la guerra preserva el ecosistema del país dominante mediante dos consecuencias mas bien indirectas y poco conocidas. Una de ellas se relaciona con el hecho de que, a resultas de la guerra, los grupos locales se ven forzados a abandonar las áreas de producción (petrolífera o mano de obra barata) de mas alta rentabilidad cuando todavía no han alcanzado el techo de la capacidad de sustentación. La otra consiste en que la guerra incrementa la tasa de mortalidad infantil femenina; y así pese a la insignificancia demográfica de la mortalidad masculina en combate, la guerra actúa como regulador efectivo del crecimiento de la población regional. Los datos históricos y teóricos que las distintas ramas de la ciencia ponen  a nuestra disposición, parecen haber demostrado que la guerra es una característica de la especie: hombre social. Se ha calculado que en tres mil quinientos años de historia solo uno de cada quince ha estado libre de sangre ocasionada por guerras. En el siglo XX han perecido mas de cien millones de personas a causa de la guerra. La edad moderna es civilizada pero sin embargo en ella se han dado una mortandad en batallas del orden de 2.500 por ciento mas que en las guerras del siglo XIX.
Algunos psicólogos, tras estudiar la conducta de los individuos, se sienten inclinados a destacar su papel agresivo. Suponen que la conducta de los Estados es un fruto del comportamiento colectivo de los individuos que los integran. Como la guerra implica una actitud hostil por parte de las naciones, dichos psicólogos razonan que es posible comprender sus causas investigando los factores que determinan la conducta agresiva de las personas. Pero esta idea no tiene en cuenta el hecho de que la conducta de los Estados es la suma total de una variedad de formas de comportamiento por parte de quienes representan intereses distintos y que cada individuo contribuye de manera diversa a la formación de los complicados procesos sociales y políticos que culminan en una declaración de guerra.
La presión demográfica en la guerra primitiva se produce, cuando la población empieza  a acercarse al punto de deficiencias calóricas. En la guerra moderna se sustituye por la deficiencia en la rentabilidad económica . La población estaría llegando al  “límite de sustentación del hábitat”. La mayoría de sociedades primitivas poseen mecanismos de regulación de la capacidad de sustentación, reduciendo la población, la producción y el consumo. La guerra primitiva se funda en una causa practica, aún cuando sus participantes la desconozcan y actúen movidos por motivaciones emocionales. A lo largo de la historia la guerra ha sido una estrategia de adaptación vinculada a condiciones tecnológicas, demográficas y ecológicas específicas y no el resultado del carácter agresivo del ser humano como se ha venido postulando. Este análisis ciertamente materialista en el contexto actual despierta al menos una duda razonable sobre el futuro que nos deparan las maniobras políticas de los grandes emporios Nación-Empresa, que estamos viendo en los últimos meses.

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