martes, 29 de mayo de 2012

¿Queremos querer?:.


Según un estudio científico nada riguroso, una frase que empiece así, atrae la atención de ciertas personas ávidas de conocimiento. El anterior recurso literario produce cierta confusión  como el  que se da en las redes sociales ante la avalancha de publicaciones que señalan a los ciudadanos como cómplices necesarios de la situación actual, por su supuesta actitud pasiva. Parece que se está abriendo una brecha entre los que "creen" manejar o conocer la realidad ( la información) y aquellos que ni han estado, ni tienen ganas de implicarse en temas políticos o económicos, aunque les afecte directamente. 

Últimamente se ha radicalizado el discurso que describe la actualización del ciudadano. Se habla del  ciudadano de la misma manera  que se ha censurado al político. Criticas polarizadas: Al político por actuar con alevosía, de manera insidiosa tratando de  adormecer al ciudadano; Críticas al ciudadano por no reaccionar y defenderse, aun siendo consciente de su emponzoñamiento.
 La droga que fluye por las venas de esta sociedad se ha ido administrando en dosis homeopáticas desde que se gestó la mal llamada “Transición”. Es tal el grado de asimilación de esas toxinas que  la eliminación de esta pócima, que enferma a la sociedad española, no se puede hacer  (al menos únicamente) desde un punto de vista de la psicología terapéutica. No  depende de una terapia de choque ni de los mensajes  que (mas allá del contenido) trasladan la idea de que el ciudadano es una  especie de simio sometido, robot inerte o sumiso rumiante sin valores ni valor. Estos calificativos aumentan la  desconfianza entre ellos...es decir, entre nosotros. La reacción que algunos esperamos de nuestros conciudadanos ha de ser encontrada por ellos mismos (nosotros), de manera espontanea. Esta reacción posiblemente inducida (como siempre aparece en los análisis históricos realizados con posterioridad),  no ha de ser impuesta con técnicas de exclusión social como el ostracismo intelectual con el que se habla de la masa social, en la que por otro lado, todos estamos incluidos. No hablo de la ironía,  el sarcasmo o un ácido sentido del humor, si no mas bien de un ataque frontal contra la  supuesta actitud pasiva de los ciudadanos en ciertos mensajes.
 Es posible que   un sarcasmo revestido de inocencia, argumentado en un futuro esperanzador consiga que lleguemos al gran descubrimiento.
 Esto puede hacernos pensar que  nuestros actos están encaminados a manipular la sociedad. La opinión inducida es algo que  de la misma manera, (supongo) será el  razonamiento que habita  las conciencias de los que actualmente ostentan el poder respecto a nosotros que somos para ellos los alienados o dominados. Quizá no sea esa la intención y la filantropía, el amor, el equilibrio y la estabilidad social sean necesidades íntimas que algunos queremos para el resto del planeta. En cualquier caso lo cierto es que no podemos evitar la desconfianza de nuestros congéneres ante una actitud que demande de ellos cierta implicación política, ya que ellos nunca la han tenido o no les ha interesado. No obstante algo que siempre alienta a la colaboración y  en este momento mas que nunca es la esperanza. La gente  sabe o cree saber, que en un mundo dominado por el materialismo, todo se hace por un interés material.
Si tratamos de trasladar un  aviso de no seguir por ese camino (que no sean zoquetes)... se le levanta la sospecha. El ciudadano piensa que ese mensaje oculta algún interés y que se proclama porque interesa a otros (que quizás seamos nosotros) que quieren llegar primero.
 El mensaje debe ser más eficiente y transparente. Para ello nada mejor que seamos nosotros mismos (ellos) los que descubramos la realidad al contraponerla a los razonamientos lógicos del mercado.Es fácil:
Si pretendemos una verdadera cura para este veneno, podemos afirmar sin demostrar preferencias o fanatismos políticos, que nuestra trayectoria económica es envidiable porque  somos uno de los mejores países en su adaptación a la crisis; que por parte de nuestros representantes y banqueros  se han hecho y se están haciendo las cosas bien; que el paro es necesario, que privatizar la sanidad o la educación constituyen una ventaja competitiva que nos va a favorecer a corto plazo. Esta frase que volvería hipomaniaco a Friedman, puede dar un resultado inesperado. Este galimatías ha de ser argumentado con una mezcla de los más disparatados recursos estilísticos, con los razonamientos lógicos del mercado.  Surge entonces en el interlocutor una extraña actitud paternalista y pedagógica con la que empieza a contradecir la irracionalidad de tales afirmaciones. Justo en ese momento hay que guardar silencio y poner cara de asombro ante su GRAN DESCUBRIMIENTO. Entonces el ciudadano (yo mismo) me enaltezco de orgullo, porque creen (creo) tener una información privilegiada que casi nadie conoce acerca del funcionamiento de la economía y la sociedad de este país. Es de locos, pero da resultado. Podemos arengar en una pirueta que volvería esquizofrénico a Keynes, que cuanto mas alto sea el paro, mejor para nosotros...ya que así el trabajo será un bien escaso, lo que ocasionará una demanda que los empresarios tratarán de satisfacer ofreciendo grandes salarios y los bancos nos darán crédito para poder comprar (o alquilar) un trabajo y ese dinero afortunadamente lo devolveremos durante toda nuestra vida, poco a poco y  con muchos intereses,  con lo que se creará mas dinero que a su vez repercutirá en que  baje el precio de la vivienda etc.
 Lo mas triste es que algunos al oír este discurso propio de Cantinflas o de Ozores, incluso han replicado (y yo mismo me replico): “No es posible que eso pase...pero ¿quien sabe?...la cosa va bien, pero no tanto como dices". Incluso he dudado yo mismo.
 La fuerza del narcótico que adormece a esta sociedad es tan fuerte que no reaccionamos ante tratamiento de choque alguno, ni ante un apercibimiento, ni ante un castigo económico, ni ante el uso de la fuerza, ni ante una injusticia flagrante y sangrante, ni ante nada...sociedad lobotomizada...pero que necesita esperanzas…démoselas. El futuro fue ayer, el presente mañana, el pasado no existe.

1 comentario:

  1. María José Sánchez Agustín.30 de mayo de 2012 a las 8:58

    Creíamos vivir ya en el futuro; el progreso tecnológico ya había llegado y estábamos inmersos en el mejor y más perfecto de los sistemas...pero ahora se ha demostrado que algo falla. Ahora toca renovar lo que hasta hace dos dia considerábamos desarrollo y avance...ese futuro ya está obsoleto y no sirve...el futuro fue ayer.

    Presente...no podemos hablar de presente, hoy no tenemos, estamos hipotecados, en stand by, el presente está inmóvil, ausente...sólo tiene cabida en el mañana por que hoy no presenta ninguna oportunidad para nada, es un presente inoperante en la actual situación, es un quiero y no puedo.

    Quizá mañana se pueda retomar el presente, cuando el escenario actual haya cambiado...el presente es mañana. (Mª.J. Sánchez Agustín)

    ResponderEliminar

Todas las entradas:

Vistas de página en total