sábado, 30 de junio de 2012

La nueva y necesaria utopía:.



El invento económico del Estado.

Carl Menger explicó con un siglo de antelación algo que durante el periodo de la crisis de los 70 se manifestó como indeseable y a evitar en el futuro. La cita del fundador de la Escuela Austriaca de Economía aunque densa no tiene desperdicio:
El dinero no es una cantidad que pueda generarse o imprimirse a partir de la nada y por decreto, sino una cualidad (la liquidez) que el mercado descubre en los bienes y en los activos. La liquidez consiste en no sufrir pérdidas de valor (o pérdidas de tiempo) al desprenderse de cantidades (incluso enormes) de un bien. Bien el dinero mercancía, bien los activos monetizables, han de ser aquellos que constituyen o representan los bienes más deseados por el mercado. Aquellos con una demanda más amplia, estable y permanentemente insatisfecha”
 Esto aparentemente complicado se puede explicar con un cuento: Había una vez un pueblo junto al mar donde todos los vecinos se conocían e intercambiaban sus productos para abastecerse. Sucedió un día, que  un pescador quería conseguir aceite y aunque estaba dispuesto a dar a cambio mucho pescado; no encontraba a nadie dispuesto a darle aceite a cambio, bien porque el vendedor de aceite no comía pescado o porque ya tenía pescado.
 ¿Qué podía hacer ante tal situación? No le quedaba más remedio que enterarse de qué era lo que buscaba el vendedor de aceite, ¿querría tal vez pan, manzanas o vino? El pescador no lo sabía pero debería  enterarse y tratar de cambiar el pescado por lo que quisiese el olivarero; pan, manzanas o  vino y luego ir a buscarle y hacer el cambio. Pero sucedió que el panadero tampoco quería pescado, tampoco el bodeguero y el que cultivaba manzanas ya que  era vegetariano copto y no comía pescado. Comprar aceite para el pescador se convertía en una tarea imposible. El pescador se quejaba de que su pescado se ponía malo en muy poco tiempo y entonces no podía cambiarlo y trataba de colocarlo aún perdiendo en los cambios.
 Cada bien tiene sus características, claro está, había bienes que eran más fáciles de colocar en el mercado que otros. Había bienes que uno podía comprar o vender con mayor facilidad. Eran bienes que, lejos de cubrirse de polvo en las estanterías o pudrirse, circulaban fluidamente por los mercados. Eran los bienes más “líquidos”.  En aquel pueblo era costumbre entre los casamenteros la dote. Ésta siempre estaba compuesta por joyas, si un joven no tenía joyas que ofrecer, difícilmente se casaría. El pescador no hacía mas que pensar y reflexionó…es que no es lo mismo vender una pulsera o una sortija, que pescado o manzanas, ya que estos últimos son perecederos y su valor disminuye con el tiempo.
 Tal vez a algunos jóvenes que no estaban interesados en pasar por  vicaría no les interesaba lo más mínimo consumir ese bien que tanto le gustaba al mercado. Pero, siendo de los más fáciles de comprar, ya que se conservaba bien, era fácil conseguirlo a cambio de lo que uno tenia por ofrecer. Y, siendo de los más fáciles de vender, era fácil cambiarlo por lo que uno sí quería consumir.
 Así que, inevitablemente, el bien más líquido de su pueblo eran las joyas… que curiosamente tenían una demanda que no estaba relacionada con el deseo de consumirlo directamente, sino que estaba basada en el conocimiento de que con las joyas era fácil conseguir los demás bienes. Así fue como en ese pueblo se inventó el dinero.
 Ha habido un sinfín de bienes que fueron, en algún momento de la historia en algún lugar del mundo, dinero: vacas, conchas, pequeños discos de cobre o bronce o hierro, hojas secas de tabaco, cigarrillos, etcétera. Pero, finalmente, el mercado prefirió el oro. El dinero surgió del mercado, no de ley alguna. Sin embargo, como suele suceder, una vez el mercado lo hubo creado, las leyes lo regularon.
 Los poderosos consiguieron el monopolio de su emisión. Y así se empezaron a acuñar monedas metálicas con la efigie de los gobernantes. El valor de la moneda en el mercado venía determinada por el valor que el mercado otorgaba al metal de que estaba hecha. De manera que una moneda de cobre valía menos que una de plata y ésta menos que una de oro.
Pero, una vez que el poder público se hizo con el monopolio de la emisión, pudo determinar por ley el valor de cambio de esas monedas. Es decir: primero fijaban por ley el valor de esa moneda teniendo en cuenta el peso y el material de la misma…pero después el soberano podía reducir la proporción del metal valioso de la moneda y poner en su lugar un metal más barato. La moneda entonces valía legalmente más que lo que valían los metales de que estaba compuesta. O dicho de otra manera, por arte de legislación, el soberano podía comprar cobre para fabricar monedas y venderlas a precio de oro.
 Obviamente, el mercado no reconocía por mucho tiempo ese sobrehumano poder que los gobernantes se otorgaban a sí mismos, con el tiempo, cuando uno quería pagar algo con esas monedas legalmente falsificadas se encontraba con que le pedían un precio más elevado.
Entonces llegó la inflación…ocurría que lo que antes se compraba con 10 monedas
(de las fabricadas de oro), ahora se compraba con 20 monedas porque cada una de las nuevas monedas contenía menos oro y  lo que importaba al comprador era la cantidad de oro que acababa en su caja de caudales, no el número de retratos del rey de turno.  En otras palabras si la riqueza producida por una economía no ha aumentado, un aumento de la cantidad de dinero no sirve para enriquecer esa economía.
 Si hacemos una reducción al absurdo observamos que si pudiésemos crear riqueza a fuerza de crear dinero, en situaciones de gran carestía podríamos prosperar con la sola ayuda de la emisión de dinero. Supongamos que estamos aislados en una isla desierta donde no hay nada con que alimentarnos y el agua escasea, por el contrario tenemos un millón de euros...entonces ¿Qué precio le damos a ese millón de euros? su precio es   NADA, ya que ninguna utilidad o beneficio obtenemos de esos papeles pintados, sin embargo esos mismos trozos de papel en cualquier centro comercial de una ciudad serían una fortuna.
  Los gobiernos y bancos centrales de los países más pobres tienen poder para acuñar dinero. Dado que imprimir billetes es relativamente barato, podrían llegado el caso entregar a cada ciudadano muchos billetes con muchos ceros a la derecha. Si el dinero fuese riqueza per se, la pobreza en este mundo sería como el dinero actual: imaginaria e imposible.
 El dinero sólo tiene valor cuando la riqueza ya existe. Su razón de ser es precisamente la de representar riqueza que ya ha sido producida o se está produciendo pero que todavía no se ha consumido, es decir, bienes y servicios que podemos intercambiar por otros.
La violación de esta ley significa tener que pagar un precio que viene impuesto por el mecanismo de estabilización que constituyen las recesiones. Que éstas sean “deflacionarias” o “inflacionarias” sólo depende del activo que tomemos como referencia para expresar los precios.  Schumpeter hizo hincapié en este aspecto de la contribución de Menger:
"Lo que importa, por lo tanto, no es el descubrimiento de que la gente compra, vende o produce  bienes en la medida en que los valora desde el punto de vista de la satisfacción de las necesidades,  el descubrimiento sería que  este simple hecho y sus fuentes en las leyes de las necesidades humanas son totalmente suficientes para explicar los mecanismos básicos  de los fenómenos complejos de la economía de intercambio moderna, y que a pesar de las apariencias sorprendentemente son contrarias a las necesidades humanas siendo la fuerza motriz del mecanismo económico más allá de la economía de Robinson Crusoe o la economía sin intercambio”. Si valoramos un bien como puede ser la vivienda por su valor monetario, podemos afirmar que a día de hoy no existe demanda de vivienda, cuando lo que realmente ocurre es que no existe oferta de dinero. Si preguntamos a los millones de jóvenes sin casa si preferirían una vivienda o su equivalente en moneda, podríamos comprobar inequívocamente si existe o no demanda de vivienda. Es bastante probable que algunos (los más acomodados) escogiesen el dinero y tratasen de presionar para que los precios bajasen, de esta manera pasado el temporal ellos podrían comprar con esas monedas dos viviendas... éstos son los que actualmente dominan el mercado.    La cadena de pensamiento que lleva a esta conclusión se inicia con el reconocimiento de que la formación de precios es la característica económica específica. Menger, resumió el principio general de la formación de precios en "el monopolio", es decir: en  un mercado que (como ocurre actualmente con las multinacionales) se compone de un solo vendedor, la formación de precios se lleva a cabo entre  límites que se establecen por el equivalente a una unidad del bien monopolizado entre muy pocos vendedores que tienen capacidad para abastecer de manera total al mercado y son capaces de excluirse mutuamente dependiendo de una situación de poder a escala global. Es decir no depende de la demanda u oferta que se tenga del bien concreto y del número aparente de vendedores. En el cuento del pescador el monopolio se produciría si el resto de productores llegasen a un acuerdo por el cual ninguno de ellos cambiaría nada al pescador si a su vez éste no ofreciese el doble de su valor real.  Si por ejemplo una manzana, un pan, un litro de aceite o de vino equivale a un kilogramo de pescado, ninguno de los otros productores  daría nada si éste no está dispuesto a dar dos kilogramos de pescado. Esta unión se ha producido desde que se instauró el modelo productivo de la Revolución Industrial. Durante ese periodo de la historia llegó a denostarse tanto al trabajo que incluso existía la pena de muerte para todo aquel que durante una huelga rompiese una de las máquinas que sustituían a los trabajadores en las fabricas.  El trabajador sólo cuenta con un factor de producción “su propio trabajo” y existe una alianza tácita entre los que tienen los otros factores “tierra y capital” y se ha llegado a un convenio por el cual el trabajo (que no el trabajador/consumidor) es un pescado maloliente que se puede valorar monetariamente a su antojo en base a sus previsiones de beneficios. Ellos ganan dinero y deben hacer valer ese dinero retirándolo del mercado y convirtiéndolo en un bien escaso.   Esto es algo extraño porque todos sabemos que si existe mucho dinero al menos dinero ficticio.
Con el temor y aprensión que produce el tabú y con todas las connotaciones que la palabra o la idea del cáncer produce, recordaba unos versos de José hierro en los que con las más variadas figuras literarias trataba de establecer una personificación de la enfermedad.  Los versos sugerían en algunos pasajes la necesidad de tomar decisiones dramáticas ya que la situación así lo era.
La crisis económica que vivimos  hace necesario adoptar medidas que no por ser  más arriesgadas o discordantes con el modelo imperante, han de ser las adecuadas. La lógica se hace pragmáticamente visible si realizamos un análisis histórico de la evolución del modelo económico desde que se dieron los primeros excedentes de producción en el neolítico. A nadie se escapa que a grandes rasgos el crecimiento es una cualidad de todos los seres vivos y que debe darse en consonancia con el entorno. El crecimiento es un proceso de cambio, al menos hasta que llega a su optimo de madurez o hasta que el organismo cumple su función, entonces justo en ese punto el organismo  ha de mantenerse y adaptarse a las circunstancias del entorno, si sigue creciendo sin un límite se convierte en algo perjudicial y cancerigeno para el resto y puede ocasionar su propio final. La moneda sin una regulación sin un patrón real y tangible, es decir sin un “control de multiplicación” equivaldría en esta curiosa metáfora a las células cancerígenas. Los bancos centrales y la banca serían las  proteínas mutantes que constantemente mandan señales de división a las células ocasionando que esas células  se multipliquen sin freno causando un tumor en el órgano. Este tumor ya se HA detectado en las terribles injusticias sociales que se producen en el planeta  pero no ha sido contemplado como un problema hasta que ha  producido  distrofias, desequilibrio y anomalías en el  funcionamiento del órgano económico por excelencia que es occidente.
Sólo un 5% del dinero que hay en el mundo es dinero físico, o sea, circula en forma de billetes y monedas. Ese dinero lo han fabricado y puesto en circulación los Bancos Centrales. El Banco Central Europeo había puesto en circulación, a fecha de 27 de enero de 2007, la cantidad de 530 billones de euros en billetes y monedas de dinero. Pero, al mismo tiempo, existía la cantidad, totalmente imaginaria, de 2.903 billones de euros en saldos bancarios a favor de depositantes. La suma de las dos cantidades constituye el “circulante monetario”, es decir 3.433 billones de euros. Pasándolo a porcentaje tenemos que el 84,56% del dinero que usamos los europeos sólo existe en nuestra imaginación colectiva porque es dinero imaginario.
El modelo económico actual no cuenta con los mecanismos necesarios para que el crecimiento monetario se auto regule y los síntomas indican que se está dando una metástasis financiera que nos lleva irremediablemente a tomar decisiones difíciles. No sabemos si para la sanación debe mediar cirugía, radioterapia, quimioterapia o tal vez una mezcla de las tres, pero somos conscientes de que la situación se deteriora por momentos y que nuestro futuro depende de la rapidez con que nuestros gobernantes decidan intervenir. Para nuestro bien debería utilizarse el método menos invasivo y el más eficaz.
Emulando uno de los mecanismos que se utilizan en la lucha contra el cáncer recordé como ciertos inhibidores consiguen que se   bloqueen solamente las formas mutantes de la proteína pero que no interfieren con la actividad de la versión normal es decir que afectarían únicamente a las células cancerosas, y esto dejaría a las células normales ilesas. Las soluciones basadas en recortes simplemente tratan de extirpar una parte de ese tumor o tratan de atenuar los síntomas parcialmente mediante dolorosas medias; aunque no tienen ninguna intención de eliminar la enfermedad. El único inhibidor posible es la eliminación de la moneda fiduciaria y la creación de una moneda real.
Esta construcción metafórica un tanto esquizoide me hizo recordar una frase que dijo el premio Nobel de Economía John F. Nash jr.
”Crear una moneda mundial nos daría estabilidad y todo el que lleve una empresa a la quiebra para ganar dinero, a la cárcel “
 «El dinero “bueno” mantiene su valor a lo largo del tiempo. El “malo” lo pierde por la inflación. Propongo un sistema cambiario que esté basado en una moneda ideal, que sirva para estabilizar las monedas nacionales. Las crisis financieras serían más esporádicas si hubiese un estándar monetario internacional. Sería como volver a los tiempos del patrón oro, pero basando el tipo de cambio en una cesta de valores sólidos y no en un solo valor. Así, los tipos de cambio no se verían afectados por las fluctuaciones de un solo bien. Facilitaría el comercio mundial. Aunque tengo desconfianza en los políticos que deberían administrar esta moneda ideal. La honradez es importante. Además si la moralidad de los banqueros tampoco es muy alta, sus conocimientos financieros no bastan para proteger las entidades que dirigen».

 Forma parte de un pensamiento utópico pero paradójicamente extendido por la tierra y aceptado por todos los seres humanos. Si  la cesta de valores sólida está fundamentada en la calidad de vida y en Europa estamos en el mas alto nivel, la paridad de esa moneda mundial "virtual" sería pongamos por ejemplo de uno por uno...si en Sierra Leona la calidad de vida es la mitad peor que en Europa su moneda el Leone tendrá un valor de dos "virtuales". En nada nos perjudica ni debe preocuparnos el que otros países del mundo la gente coma, tenga agua corriente, sanidad o educación ya que eso protege al ser humano de manera  global. Un padre no debería pensar monetariamente en si mismo cuando da de comer a sus hijos, lo racional sería que pensase que el bien de sus hijos le afecta directamente y le producirá beneficios que quizás no se valoren monetariamente. Pero si este padre tiene que competir con otros padres por la comida, las reglas de esa competencia marcarían la actitud hacia  los otros que debería tener para conseguir esos bienes. Si el padre necesita ser un desconfiado asesino para conseguir la comida, la evolución seleccionará a los mejores y una vez éstos depredadores se instauren en el poder, tratarán a sus hijos como potenciales enemigos o como  rivales…para eso inventamos el Estado. Al principio el chamán coaccionaba al hombre con las fuerzas sobrenaturales y las desgracias que le sobrevendrían si no acatase sus normas y aceptase el pago del diezmo, después fueron los imperios militares y las monarquías las que trataron de quitar este monopolio a las religiones y subyugaron la persona con la fuerza, después se creo una alianza entre éstas dos fuerzas, posteriormente se inventó el Estado como ente superior que regula éstas y otras fuerzas de sometimiento de la voluntad. 
Este extracto del libro de Esteban Cabal "Gobierno Mundial" ilustra a la perfección el triste escenario al que hemos llegado:  "La Ley del Mar, instituida por los fenicios, inventó el concepto de “persona jurídica” confiriendo al barco esa condición. A partir de entonces, los marineros dejaron de ser personas naturales para convertirse en “tripulación” (de ahí la palabra inglesa “member-ship”, miembro del barco). Los derechos de una persona inexistente (el barco) prevalecen sobre los de las personas reales (la tripulación). Desde ese momento, las personas dejan de serlo y se convierten en “contribuyentes”, “consumidores”, “ciudadanos”, etc., cuyos derechos están limitados y supeditados a “personas jurídicas” como Hacienda, las Corporaciones, el Estado, etc.
Al equiparar jurídicamente las “personas físicas” y las personas jurídicas” (sociedades), las personas naturales se ven obligadas a compartir o delegar derechos en personas inexistentes, ficticias, inventadas como argucia legal por los poderosos para imponer su voluntad. Las personas naturales ya no deben obedecer a su conciencia sino a las instituciones.
En los juicios de Nüremberg contra los nazis de alto rango por sus crímenes de guerra, éstos alegaron que “obedecían órdenes”. Sin embargo fueron condenados porque el Tribunal, con arreglo al Derecho Consuetudinario, estimó que deberían haber desobedecido las órdenes de sus superiores jerárquicos y haber obrado conforme al dictado de su conciencia. Los jueces invocaron “la Ley de Dios”. “Estipularon que las órdenes recibidas, no eximían a una persona de sus responsabilidades para con su conciencia”. Pero si esta doctrina se aplicara siempre, ningún ciudadano podría ser condenado por no pagar impuestos, por ejemplo, si considera que serán utilizados para financiar guerras.
El poder es hipócrita. Y su Derecho Romano es tremendamente injusto. Las Corporaciones nunca van a la cárcel aunque cometan los crímenes más horrorosos, pero las personas molestas para el establishment serán encerradas por motivos nimios, o por robar alimentos para dar de comer a sus hijos desnutrídos. En caso de guerra, una persona que mata a otra será considerada un héroe y galardonada, o un asesino si obedece órdenes del enemigo. Todo depende del Tribunal que le juzgue, aunque los hechos sean idénticos".
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