El invento económico del Estado.
Carl Menger explicó con un siglo de antelación algo que
durante el periodo de la crisis de los 70 se manifestó como indeseable y a
evitar en el futuro. La cita del fundador de la Escuela Austriaca
de Economía aunque densa no tiene desperdicio:
“El dinero no es una
cantidad que pueda generarse o imprimirse a partir de la nada y por decreto,
sino una cualidad (la liquidez) que el mercado descubre en los bienes y en los
activos. La liquidez consiste en no sufrir pérdidas de valor (o pérdidas de
tiempo) al desprenderse de cantidades (incluso enormes) de un bien. Bien el
dinero mercancía, bien los activos monetizables, han de ser aquellos que
constituyen o representan los bienes más deseados por el mercado. Aquellos con
una demanda más amplia, estable y permanentemente insatisfecha”.
Esto aparentemente complicado se
puede explicar con un cuento: Había una vez un pueblo junto al mar donde todos
los vecinos se conocían e intercambiaban sus productos para abastecerse. Sucedió
un día, que un pescador quería conseguir aceite y aunque
estaba dispuesto a dar a cambio mucho pescado; no encontraba a nadie dispuesto
a darle aceite a cambio, bien porque el vendedor de aceite no comía pescado o
porque ya tenía pescado.
¿Qué podía hacer ante tal situación? No le quedaba más
remedio que enterarse de qué era lo que buscaba el vendedor de aceite, ¿querría
tal vez pan, manzanas o vino? El pescador no lo sabía pero debería enterarse
y tratar de cambiar el pescado por lo que quisiese el olivarero; pan, manzanas o vino y luego ir a buscarle y hacer el cambio. Pero sucedió que el panadero tampoco quería pescado,
tampoco el bodeguero y el que cultivaba manzanas ya que era vegetariano copto y no comía pescado. Comprar aceite para el pescador se convertía en una tarea imposible. El pescador se quejaba de que su
pescado se ponía malo en muy poco tiempo y entonces no podía cambiarlo y
trataba de colocarlo aún perdiendo en los cambios.
Cada bien tiene sus características, claro está, había
bienes que eran más fáciles de colocar en el mercado que otros. Había bienes
que uno podía comprar o vender con mayor facilidad. Eran bienes que, lejos de
cubrirse de polvo en las estanterías o pudrirse, circulaban fluidamente por los
mercados. Eran los bienes más “líquidos”.
En aquel pueblo era costumbre entre los casamenteros la dote. Ésta siempre
estaba compuesta por joyas, si un joven no tenía joyas que ofrecer, difícilmente se casaría.
El pescador no hacía mas que pensar y reflexionó…es que no es lo mismo vender
una pulsera o una sortija, que pescado o manzanas, ya que estos últimos son
perecederos y su valor disminuye con el tiempo.
Tal vez a algunos jóvenes que no estaban interesados
en pasar por vicaría no les interesaba lo más mínimo consumir ese bien que
tanto le gustaba al mercado. Pero, siendo de los más fáciles de comprar, ya que
se conservaba bien, era fácil conseguirlo a cambio de lo que uno tenia por
ofrecer. Y, siendo de los más fáciles de vender, era fácil cambiarlo por lo que
uno sí quería consumir.
Así que, inevitablemente, el bien más líquido de su
pueblo eran las joyas… que curiosamente tenían una demanda que no estaba
relacionada con el deseo de consumirlo directamente, sino que estaba basada en
el conocimiento de que con las joyas era fácil conseguir los demás bienes. Así fue como en ese pueblo se inventó el dinero.
Ha habido un sinfín
de bienes que fueron, en algún momento de la historia en algún lugar del mundo,
dinero: vacas, conchas, pequeños discos de cobre o bronce o hierro, hojas secas
de tabaco, cigarrillos, etcétera. Pero, finalmente, el mercado prefirió el oro.
El dinero surgió del mercado, no de ley alguna. Sin embargo, como suele
suceder, una vez el mercado lo hubo creado, las leyes lo regularon.
Los poderosos consiguieron el monopolio de su emisión.
Y así se empezaron a acuñar monedas metálicas con la efigie de los gobernantes.
El valor de la moneda en el mercado venía determinada por el valor que el
mercado otorgaba al metal de que estaba hecha. De manera que una moneda de
cobre valía menos que una de plata y ésta menos que una de oro.
Pero, una vez que el poder público se hizo con el monopolio
de la emisión, pudo determinar por ley el valor de cambio de esas monedas. Es
decir: primero fijaban por ley el valor de esa moneda teniendo en cuenta el
peso y el material de la misma…pero después el soberano podía reducir la proporción
del metal valioso de la moneda y poner en su lugar un metal más barato. La
moneda entonces valía legalmente más que lo que valían los metales de que
estaba compuesta. O dicho de otra manera, por arte de legislación, el soberano
podía comprar cobre para fabricar monedas y venderlas a precio de oro.
Obviamente, el mercado no reconocía por mucho tiempo
ese sobrehumano poder que los gobernantes se otorgaban a sí mismos, con el
tiempo, cuando uno quería pagar algo con esas monedas legalmente falsificadas
se encontraba con que le pedían un precio más elevado.
Entonces llegó la inflación…ocurría que lo que antes se
compraba con 10 monedas
(de las fabricadas de oro), ahora se compraba con 20 monedas
porque cada una de las nuevas monedas contenía menos oro y lo que importaba al comprador era la cantidad de oro que acababa
en su caja de caudales, no el número de retratos del rey de turno. En
otras palabras si la riqueza producida por una economía no ha aumentado, un
aumento de la cantidad de dinero no sirve para enriquecer esa economía.
Si hacemos una reducción al absurdo observamos que si
pudiésemos crear riqueza a fuerza de crear dinero, en situaciones de gran
carestía podríamos prosperar con la sola ayuda de la emisión de dinero.
Supongamos que estamos aislados en una isla desierta donde no hay nada con que
alimentarnos y el agua escasea, por el contrario tenemos un millón de euros...entonces
¿Qué precio le damos a ese millón de euros? su precio es NADA, ya
que ninguna utilidad o beneficio obtenemos de esos papeles pintados, sin embargo
esos mismos trozos de papel en cualquier centro comercial de una ciudad serían
una fortuna.
Los gobiernos y bancos centrales de los países más
pobres tienen poder para acuñar dinero. Dado que imprimir billetes es
relativamente barato, podrían llegado el caso entregar a cada ciudadano muchos
billetes con muchos ceros a la derecha. Si el dinero fuese riqueza per se,
la pobreza en este mundo sería como el dinero actual: imaginaria e imposible.
El
dinero sólo tiene valor cuando la riqueza ya existe. Su razón de ser es
precisamente la de representar riqueza que ya ha sido producida o se está
produciendo pero que todavía no se ha consumido, es decir, bienes y servicios
que podemos intercambiar por otros.
La violación de esta ley significa tener que pagar un precio
que viene impuesto por el mecanismo de estabilización que constituyen las
recesiones. Que éstas sean “deflacionarias” o “inflacionarias” sólo depende del
activo que tomemos como referencia para expresar los precios. Schumpeter hizo hincapié en este aspecto de la
contribución de Menger:
"Lo que
importa, por lo tanto, no es el descubrimiento de que la gente compra, vende o
produce bienes en la medida en que los
valora desde el punto de vista de la satisfacción de las necesidades, el descubrimiento sería que este simple hecho y sus fuentes en las leyes
de las necesidades humanas son totalmente suficientes para explicar los
mecanismos básicos de los fenómenos
complejos de la economía de intercambio moderna, y que a pesar de las
apariencias sorprendentemente son contrarias a las necesidades humanas siendo
la fuerza motriz del mecanismo económico más allá de la economía de Robinson
Crusoe o la economía sin intercambio”. Si valoramos un bien como puede ser
la vivienda por su valor monetario, podemos afirmar que a día de hoy no existe
demanda de vivienda, cuando lo que realmente ocurre es que no existe oferta de
dinero. Si preguntamos a los millones de jóvenes sin casa si preferirían una
vivienda o su equivalente en moneda, podríamos comprobar inequívocamente si
existe o no demanda de vivienda. Es bastante probable que algunos (los más
acomodados) escogiesen el dinero y tratasen de presionar para que los precios
bajasen, de esta manera pasado el temporal ellos podrían comprar con esas monedas dos viviendas... éstos son los que actualmente dominan el mercado. La cadena de pensamiento que lleva a esta
conclusión se inicia con el reconocimiento de que la formación de precios es la
característica económica específica. Menger, resumió el principio general de la
formación de precios en "el monopolio", es decir: en un mercado que (como ocurre actualmente con
las multinacionales) se compone de un solo vendedor, la formación de precios se
lleva a cabo entre límites que se
establecen por el equivalente a una unidad del bien monopolizado entre muy
pocos vendedores que tienen capacidad para abastecer de manera total al mercado
y son capaces de excluirse mutuamente dependiendo de una situación de poder a
escala global. Es decir no depende de la demanda u oferta que se tenga del bien
concreto y del número aparente de vendedores. En el cuento del pescador el monopolio se
produciría si el resto de productores llegasen a un acuerdo por el cual ninguno
de ellos cambiaría nada al pescador si a su vez éste no ofreciese el doble de
su valor real. Si por ejemplo una manzana, un pan, un litro de aceite
o de vino equivale a un kilogramo de pescado, ninguno de los otros productores daría nada si éste no está dispuesto a dar dos kilogramos de pescado. Esta unión
se ha producido desde que se instauró el modelo productivo de la Revolución Industrial. Durante ese periodo de la historia llegó a denostarse tanto al trabajo que incluso existía la pena de muerte para todo aquel que durante una huelga rompiese una de las máquinas que sustituían a los trabajadores en las fabricas. El trabajador sólo cuenta con un factor de producción “su propio trabajo” y existe
una alianza tácita entre los que tienen los otros factores “tierra y capital” y se ha llegado a un convenio por el cual el trabajo (que no el trabajador/consumidor)
es un pescado maloliente que se puede valorar monetariamente a su antojo en base a sus
previsiones de beneficios. Ellos ganan dinero y deben hacer valer ese dinero retirándolo
del mercado y convirtiéndolo en un bien escaso. Esto es
algo extraño porque todos sabemos que si existe mucho dinero al menos dinero
ficticio.
Con el temor y aprensión que produce el tabú y con todas
las connotaciones que la palabra o la idea del cáncer produce, recordaba unos
versos de José hierro en los que con las más variadas figuras literarias
trataba de establecer una personificación de la enfermedad. Los versos sugerían en algunos pasajes la
necesidad de tomar decisiones dramáticas ya que la situación así lo era.
La crisis económica que vivimos hace
necesario adoptar medidas que no por ser más arriesgadas o discordantes con
el modelo imperante, han de ser las adecuadas. La lógica se hace
pragmáticamente visible si realizamos un análisis histórico de la evolución del
modelo económico desde que se dieron los primeros excedentes de producción en
el neolítico. A nadie se escapa que a grandes rasgos el crecimiento es una
cualidad de todos los seres vivos y que debe darse en consonancia con el
entorno. El crecimiento es un proceso de cambio, al menos hasta que llega a su
optimo de madurez o hasta que el organismo cumple su función, entonces justo en
ese punto el organismo ha de mantenerse y adaptarse a las circunstancias del
entorno, si sigue creciendo sin un límite se convierte en algo perjudicial y
cancerigeno para el resto y puede ocasionar su propio final. La moneda sin una
regulación sin un patrón real y tangible, es decir sin un “control de
multiplicación” equivaldría en esta curiosa metáfora a las células cancerígenas. Los bancos centrales y la banca serían las proteínas mutantes que constantemente mandan
señales de división a las células ocasionando que esas células se multipliquen sin freno causando un tumor en
el órgano. Este tumor ya se HA detectado en las terribles injusticias sociales que se
producen en el planeta pero no ha sido
contemplado como un problema hasta que ha
producido distrofias,
desequilibrio y anomalías en el funcionamiento del órgano económico por
excelencia que es occidente.
Sólo un 5% del dinero que hay en el mundo es
dinero físico, o sea, circula en forma de billetes y monedas. Ese dinero lo han
fabricado y puesto en circulación los Bancos Centrales. El Banco Central
Europeo había puesto en circulación, a fecha de 27 de enero de 2007, la
cantidad de 530 billones de euros en billetes y monedas de dinero. Pero, al
mismo tiempo, existía la cantidad, totalmente imaginaria, de 2.903 billones de
euros en saldos bancarios a favor de depositantes. La suma de las dos cantidades
constituye el “circulante monetario”, es decir 3.433 billones de euros.
Pasándolo a porcentaje tenemos que el 84,56% del dinero que usamos los europeos
sólo existe en nuestra imaginación colectiva porque es dinero imaginario.
El modelo económico actual no cuenta con los mecanismos
necesarios para que el crecimiento monetario se auto regule y los síntomas
indican que se está dando una metástasis financiera que nos lleva
irremediablemente a tomar decisiones difíciles. No sabemos si para la sanación debe
mediar cirugía, radioterapia, quimioterapia o tal vez una mezcla de las tres,
pero somos conscientes de que la situación se deteriora por momentos y que
nuestro futuro depende de la rapidez con que nuestros gobernantes decidan
intervenir. Para nuestro bien debería utilizarse el método menos invasivo y el más
eficaz.
Emulando uno de los mecanismos que se utilizan en la lucha
contra el cáncer recordé como ciertos inhibidores consiguen que se bloqueen solamente las formas mutantes de la
proteína pero que no interfieren con la actividad de la versión normal es decir
que afectarían únicamente a las células cancerosas, y esto dejaría a las
células normales ilesas. Las soluciones basadas en recortes simplemente tratan
de extirpar una parte de ese tumor o tratan de atenuar los síntomas parcialmente
mediante dolorosas medias; aunque no tienen ninguna intención de eliminar la
enfermedad. El único inhibidor posible es la eliminación de la moneda fiduciaria y la creación de una moneda real.
Esta construcción metafórica un tanto esquizoide me hizo recordar
una frase que dijo el premio Nobel de Economía John F. Nash jr.
”Crear una moneda mundial nos daría estabilidad y todo el
que lleve una empresa a la quiebra para ganar dinero, a la cárcel “
«El dinero “bueno” mantiene su valor a lo
largo del tiempo. El “malo” lo pierde por la inflación. Propongo un sistema
cambiario que esté basado en una moneda ideal, que sirva para estabilizar las
monedas nacionales. Las crisis financieras serían más esporádicas si hubiese un
estándar monetario internacional. Sería como volver a los tiempos del patrón
oro, pero basando el tipo de cambio en una cesta de valores sólidos y no en un
solo valor. Así, los tipos de cambio no se verían afectados por las
fluctuaciones de un solo bien. Facilitaría el comercio mundial. Aunque tengo
desconfianza en los políticos que deberían administrar esta moneda ideal. La
honradez es importante. Además si la moralidad de los banqueros tampoco es muy
alta, sus conocimientos financieros no bastan para proteger las entidades que
dirigen».
Forma parte de un pensamiento utópico pero paradójicamente
extendido por la tierra y aceptado por todos los seres humanos. Si la cesta de valores sólida está fundamentada en la calidad de vida y en Europa estamos en el mas alto nivel, la paridad de esa moneda mundial "virtual" sería pongamos por ejemplo de uno por uno...si en Sierra Leona la calidad de vida es la mitad peor que en Europa su moneda el Leone tendrá un valor de dos "virtuales". En nada nos perjudica ni debe preocuparnos el que otros países del mundo la gente coma, tenga agua corriente, sanidad o educación ya que eso protege al ser humano de manera global. Un padre no
debería pensar monetariamente en si mismo cuando da de comer a sus hijos, lo racional sería
que pensase que el bien de sus hijos le afecta directamente y le producirá
beneficios que quizás no se valoren monetariamente. Pero
si este padre tiene que competir con otros padres por la comida, las reglas de
esa competencia marcarían la actitud hacia los otros que debería tener para conseguir
esos bienes. Si el padre necesita ser un desconfiado asesino para conseguir la
comida, la evolución seleccionará a los mejores y una vez éstos depredadores se
instauren en el poder, tratarán a sus hijos como potenciales enemigos o como rivales…para
eso inventamos el Estado. Al principio el chamán coaccionaba al hombre con las fuerzas sobrenaturales y las desgracias que le sobrevendrían si no acatase sus normas y aceptase el pago del diezmo, después fueron los imperios militares y las monarquías las que trataron de quitar este monopolio a las religiones y subyugaron la persona con la fuerza, después se creo una alianza entre éstas dos fuerzas, posteriormente se inventó el Estado como ente superior que regula éstas y otras fuerzas de sometimiento de la voluntad.
Este extracto del libro de Esteban Cabal "Gobierno Mundial" ilustra a la perfección el triste escenario al que hemos llegado: "La Ley del Mar, instituida por los fenicios, inventó el concepto de “persona jurídica” confiriendo al barco esa condición. A partir de entonces, los marineros dejaron de ser personas naturales para convertirse en “tripulación” (de ahí la palabra inglesa “member-ship”, miembro del barco). Los derechos de una persona inexistente (el barco) prevalecen sobre los de las personas reales (la tripulación). Desde ese momento, las personas dejan de serlo y se convierten en “contribuyentes”, “consumidores”, “ciudadanos”, etc., cuyos derechos están limitados y supeditados a “personas jurídicas” como Hacienda, las Corporaciones, el Estado, etc.
Al equiparar jurídicamente las “personas físicas” y las personas jurídicas” (sociedades), las personas naturales se ven obligadas a compartir o delegar derechos en personas inexistentes, ficticias, inventadas como argucia legal por los poderosos para imponer su voluntad. Las personas naturales ya no deben obedecer a su conciencia sino a las instituciones.
En los juicios de Nüremberg contra los nazis de alto rango por sus crímenes de guerra, éstos alegaron que “obedecían órdenes”. Sin embargo fueron condenados porque el Tribunal, con arreglo al Derecho Consuetudinario, estimó que deberían haber desobedecido las órdenes de sus superiores jerárquicos y haber obrado conforme al dictado de su conciencia. Los jueces invocaron “la Ley de Dios”. “Estipularon que las órdenes recibidas, no eximían a una persona de sus responsabilidades para con su conciencia”. Pero si esta doctrina se aplicara siempre, ningún ciudadano podría ser condenado por no pagar impuestos, por ejemplo, si considera que serán utilizados para financiar guerras.
El poder es hipócrita. Y su Derecho Romano es tremendamente injusto. Las Corporaciones nunca van a la cárcel aunque cometan los crímenes más horrorosos, pero las personas molestas para el establishment serán encerradas por motivos nimios, o por robar alimentos para dar de comer a sus hijos desnutrídos. En caso de guerra, una persona que mata a otra será considerada un héroe y galardonada, o un asesino si obedece órdenes del enemigo. Todo depende del Tribunal que le juzgue, aunque los hechos sean idénticos".
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