¿Sabías que La Copa de Bullas pudo haber sido el lugar dónde se inició la sofocada Segunda revuelta Carlista en la Región de Murcia?
Éste titular no es infundado ni obedece a ésta nueva corriente informativa que busca el impacto para luego ofrecer un contenido deslavazado. Esto pudo ser una realidad y está documentado. Es muy posible que en La Copa de Bullas comenzase un conato de insurrección Carlista por parte de elementos políticos que se sirvieron del descontento popular. Éste golpe fallido fue rápidamente sofocado por las fuerzas de orden público y la historia que ha transcendido no es exactamente como nos la han contado. El resultado si es siempre el mismo, los instigadores acabaron indemnes y otros acabaron presos o muertos.
Existe un relato conocido por casi todas las personas mayores de La Copa de Bullas sobre la figura del bandolero “Juan Manuel” y sus andanzas por la pedanía de La Copa. Si bien es una leyenda conocida, no se había demostrado hasta ahora con algún tipo de evidencia documental. El avance de la tecnología y la inversión pública para recuperar los capítulos más nefastos de la historia de España ocultados por interese políticos a la ciudadanía, ha propiciado que se hagan públicos muchos documentos que pueden ayudar a desvelar cuáles fueron los intereses, causas y consecuencias de lo acontecido en nuestra historia reciente. Todo esto nos puede ayudar a entender la situación actual y discernir lo que nos jugamos.
Esta es una historia de bandoleros y políticos que a veces resulta bastante confusa porque no sabemos si el político es un bandido, o si el bandolero hace política. La historia se sitúa en La Copa, una pedanía de Bullas en el Noroeste de la Región de Murcia y se desarrolló a mediados del siglo XIX en medio de una tormenta política nacional por las aspiraciones al trono de España de una rama de la familia Borbón, movimiento político que se conoció como Carlismo.
Para entrar en contexto histórico y político recordamos que El Carlismo fue un movimiento político español tradicionalista y monárquico legitimista que surgió durante la primera mitad del siglo XIX en oposición al liberalismo, al parlamentarismo y al secularismo. Pretendía el establecimiento de una rama alternativa de la dinastía de los Borbones en el trono español y el llamado reinado social de Jesucristo. En sus orígenes, propugnaba la vuelta al Antiguo Régimen y, posteriormente, desarrolló una doctrina política inspirada en la tradición española y la Cristiandad medieval. A lo largo de su historia, la organización política del carlismo fue conocida como Partido Carlista, Comunión Católico-Monárquica, Partido Jaimista, Comunión Legitimista o Comunión Tradicionalista, entre otros nombres. Combatiendo el liberalismo, hizo bandera de la defensa de la religión católica, España y la monarquía tradicional, resumida en su lema «Dios, Patria, Rey», con el añadido tardío de «Fueros». Como movimiento de extraordinaria prolongación en el tiempo, el carlismo fue una fuerza importante en la política y la prensa española desde 1833 hasta el final de la dictadura Durante su auge protagonizó numerosas guerras y tentativas en el siglo XIX, entre las que se destacan las guerras civiles de 1833-1840 y 1872-1876. En esta Segunda Guerra Civil de 1872-1876 es donde se desarrolla esta historia. Como dato curioso añadiremos que ésta guerra estuvo financiada entre otros, por los Estados Unidos que llegaron a ofrecer la restauración de la dinastía carlista a cambio de la isla de Cuba, pacto que no aceptaron los aspirantes carlistas, pero que igualmente consiguieron a la fuerza los estadounidenses unos años después.
En este periodo de la Segunda Guerra Civil Carlista, El carlismo político y el bandolerismo estuvieron históricamente relacionados en España. Las guerras carlistas generaron un contexto de inestabilidad en el que muchos ex guerrilleros y personas sin recursos se convirtieron en bandoleros. Algunas bandas de bandoleros actuaron por su cuenta en zonas de conflicto, pero también hubo bandoleros que colaboraron puntualmente con las facciones carlistas y a veces, también con los liberales. El bandolerismo se favoreció por la guerra, que ofrecía una cobertura para los delitos, mientras que el carlismo se nutría de la pobreza y el descontento popular. Algunas partidas de bandoleros colaboraron puntualmente con las fuerzas carlistas, aunque sus motivos no siempre eran políticos, sino más bien de subsistencia como pudo haber sido en el caso que nos ocupa. Los bandoleros no siempre elegían a sus víctimas por su ideología liberal o conservadora, sino simplemente por ser propietarios. Los bandoleros al actuar en el mismo territorio que los carlistas propiciaban la confusión y el desorden, todo esto fue utilizado por la propaganda liberal y monárquica para caracterizar a los carlistas como bandoleros, lo que no es óbice para la credibilidad de los relatos o el desenlace de ésta historia. Los bandoleros alcanzaron auge y consideración popular, adjudicándole en muchos casos un carácter de rebeldía contra las injusticias sociales, tan frecuentes en la época, que no siempre se correspondió con la realidad. La presencia de estos personajes fue continua y constante, siendo esta una de las causas de la creación de la Guardia Civil, para aminorar el número de salteadores de caminos y consiguiendo de este modo hacer más seguras las vías de comunicación. Ésta Segunda Guerra Carlista de la que hablamos es conocida como Rebelión Montemolinista en referencia a Carlos Luis María Fernando de Borbón y Braganza (Madrid, 31 de enero de 1818-Trieste, 13 de enero de 1861), conde de Montemolín, que fue pretendiente carlista al trono de España, bajo el nombre de «Carlos VI». Era hijo de Carlos María Isidro de Borbón y de María Francisca de Braganza. Se convirtió en el pretendiente carlista tras la abdicación de su padre el 18 de mayo de 1845. A finales de 1846 Carlos Luis publicó un manifiesto en el que llamaba a la lucha armada, y este es probablemente; el detonante de esta historia ya que poco después y de forma simultánea comenzaron en otras partes de España los alzamientos de la citada Segunda Guerra Carlista, o guerra dels Matiners.
En este periodo y con éste contexto histórico arranca la historia que nos atañe y que tiene tintes políticos y sociales.
Es conocido que en toda la Comarca del Noroeste de la Región de Murcia durante ese periodo y el anteriormente era corriente la aparición de bandoleros que itinerantes o establecidos de forma permanente forman parte del ideario popular y de la historia y que existen muchas referencias documentales en distintos archivos. Conocemos la presencia en el Noroeste de los bandoleros Jaime José Cayetano Alfonso Juan, popularmente conocido como “Jaime el Barbudo” uno de los primeros bandoleros-políticos de los que se tienen noticia en la Región de Murcia y que participó activamente en la Primera insurrección Carlista llegando a tener cargo público en Jumilla. “El Barbudo” corrió la misma suerte que todo aquel que se deja engañar por los políticos y fue traicionado, juzgado y ejecutado por aquellos a los que había defendido el 5 de julio de 1824 en la plaza de Santo Domingo de Murcia. Aunque su muerte fue a causa de la horca, se sabe que su cuerpo fue mutilado, y frito en aceite (literalmente) y sus trozos expuestos en los municipios de: Crevillente, Hellín, Sax, Fortuna, Jumilla y Albanilla. Posteriores son los apuntes referentes a la presencia en El Noroeste de la Región de murcia de bandoleros como Marcos Ferrer “el manco de Alcantarilla” en 1836, de la cuadrilla de Juan Marín una década más tarde y de la de Vicente Franco, que fue capturado en Murcia en 1849, entre otros. Nosotros vamos a destacar la historia de Juan Manuel Noguera, que cayó abatido por la Guardia Civil en Los Royos el 2 de octubre de 1847.
Noguera que está ligado a la pedanía de La Copa de Bullas por relatos de la tradición oral y mas conocido como "Juan Manuel el Bandolero" era de Pliego, donde debió nacer alrededor de 1810, ya que su registro de enterramiento especifica que tenía 37 años de edad en el momento de fallecer. Comenzó sus correrías en 1845, según opinión generalizada, por motivos políticos para vengar algunos agravios, aunque Manuel Guerrero Torres en su historia inédita de Caravaca, le confiere un origen más romántico, responsabilizando del terrible desenlace a ciertos desaires amorosos que le llevaron a matar “a un mozo pendenciero, algo que no está recogido negro sobre blanco y nos atrevemos a desmentir. Sea como fuere, ya que como hemos dicho anteriormente en ese periodo no se podía establecer de forma definida la verdadera naturaleza o las intenciones de aquellos rebeldes, lo interesante para nuestra pedanía es tratar de recopilar información histórica sobre el fenómeno del bandolerismo y tratar de poner algo de luz sobre lo que hasta hace poco sólo era una leyenda con alusiónes a determinados parajes como la "Cueva del Caballo" en La Copa y alguna historia novelada como aquella que cuenta que Juan Manuel tenía un herrador ciego y herraba a su caballo con las herraduras al revés para despistar a sus perseguidores. También otras como la ocurrida cerca de Cehegín en la pedanía del Escobar cuando al salir borracho de una taberna mató un desvencijado y escuálido asno única propiedad de un pobre labrador y como el bandido quedó conmovido por el llanto de aquel desgraciado y cómo en un acto de piedad para deshacer el entuerto, Juan Manuel le regaló su propio caballo en compensación. Estás y alguna otra leyenda han trascendido sin apenas aporte documental pero hoy podemos afirmar que la presencia de Juan Manuel el Bandolero en La Copa fue real, además de destacar algún dato curioso, que habría que comprobar con otras fuentes. La digitalización documental en la Biblioteca Nacional ha facilitado al público en general la consulta de información y ha sido la fuente donde han aparecido estos datos curiosos que ocurrieron en buena parte en La Copa de Bullas. Aparece entre los fondos documentales digitalizados la Biblioteca Nacional una noticia del periodico madrileño "La Prensa" fechada el 8 de octubre de 1847 en la que se narra como en la pedanía de la Copa se ha producido una manifestación de la Sublevación Montemolinista con persecución, extinción y muerte de algunos facciosos. Cita el periodico que desde Mula con fecha 1 de octubre de 1847 el corresponsal, que firma como "G. de la P" (probablemente García de la Peña) remite esta noticia que transcribimos íntegra:
Ya no son síntomas, rumores ni indicios los que tenemos que anunciarles, respecto á Montemolinistas, pues para nuestra desgracia y la de este país, él día 28 último en la aldea de la Copa, término y jurisdicción de la villa de Bullas, distante de esta tres leguas, se dió el grito de viva Cárlos VI por cuatro individuos á caballo y diez infantes, comandados por el bandido Juan Manuel Noguera; de ello se dió parte á la autoridad superior de la provincia, quien en seguida destinó fuerzas en su persecución, porque el dia 29 en la noche, llegaron á este pueblo cinco guardias civiles á caballo, que en unión de los de este destacamento marcharon en su busca á la madrugada siguiente; en cuyo dia pernoctaron también quince infantes del regimiento 5º de línea, mandados por un oficial. Esto sabemos hasta el día, y de lo que ocurra, en lo sucesivo, daremos á vds. conocimiento.
Dia 2º Por parte recibido en este dia del alcalde dé la inmediata villa de Bullas, se corrobora la noticia que con anticipación circulaba de que la G.C . de caballería no había dado alcance á la facción en aquellas inmediaciones, causándoles un muerto y dos prisioneros en una pequeña escaramuza qué habían tenido. El muerto, según se nos ha informado, es vecino de Cehegín, conocido con el apodo de Cigarrillo.
Dia 3º. El comandante de armas de esta villa acaba de recibir un parte del de igual clase dé la de Bullas, transcribiendo otro del de Caravaca, noticiándole que habían sido alcanzados por la G.C. de caballería tres de los Montemolinistas y que en la refriega que en su consecuencia sé trabó, quedaron muertos en el acto los tres últimos, que lo son Juan Manuel Noguera, Rizo, y un tal Saez vecino de Caravaca. Hasta aquí lo que el parte contiene ; más extrajudicialmente se dice que ha sido herido el oficial que manda dicha fuerza, y uno de sus individuos, y también qué había sido hecho prisionero el brigadier de caballería; de que dimos á vds. noticia en nuestra anterior comunicación, el cual se había unido a la facción, asegurándose que tanto a éste como al Noguera,se le han encontrado listas y documentos interesantes, relativos al alzamiento. Sí esto es cierto, que es muy probable, esperamos, llamarán la atención del Gobierno, para que adopte cuantas medidas enérgicas crea suficientes, con el fin de averiguar lo que haya de cierto sobre él levantamiento general que pretendía hacerse en esta provincia, y cuya junta o comité directivo, existe en esa corte, si se atiende á las voces que con profusión circulan en esta. (G. de la P.).
Esta noticia parece hablar de un intento de alzamiento en la provincia de Murcia en la que estarían implicados Juan Manuel el Bandolero y un Brigadier que aparece en otra noticia del diario "El Espectador" fechada en Madrid el 6 de octubre de1847 (unos días antes de la citada anteriormente) y que desvela en parte la naturaleza de esté "brigadier" un personaje misterioso del que no se tienen noticias ni se conoce identidad y que parecía el enlace político entre la causa carlista y los rebeldes del pueblo. Esta es la trascripción literal de la noticia:
FACCIOSOS.
Como verán nuestros lectores por la siguiente carta, que nos escribe el corresponsal de Mula, los habitantes de toda aquella provincia con sobrada razón temen ya los horrores de la guerra civil.
He aquí su contenido:
Al fin tenemos que lamentar en esta provincia los males inherentes a la Guerra Civil. Este distrito que por su localidad nada á propósito para la campaña, fue respetado en las anteriores, tiene ya en su seno una facción montemolinista que cuenta con sobrados elementos para engrosarse; y que será difícil exterminar por el estado inerme de los pueblos, escasez de fuerzas del ejército y consumada práctica del jefe que la dá nombre, en los medios de eludir toda clase de persecuciones, por el exquisito conocimiento que tiene del país, adquirido en 14 años que lleva huyendo de la justicia. Este lo es el bandido Juan Manuel Noguera, que según manifesté á Vd. en mi comunicación de 23 de julio se batía la noche del 22 del mismo con los guardias civiles en el campo de Cagítan de este término, hiriendo á dos de ellos, y perdiendo su caballo, que después se halló muerto á no larga distancia del punto donde se batieron. Hace como unos quince ó veinte días que estuvo en esta villa pidiendo limosna un titulado brigadier como de unos 30 á 40 años de edad, que dice apellidarse con el verdadero ó supuesto de Ortega. Este sujeto que parece supo inspirar compasión á las pocas personas que le vieron, pasó a Pliego con distinto traje y representación de coronel, permaneció en dicho pueblo según rumores muy fundados siete días, y en ellos se asegura se puso de acuerdo con el citado Juan Manuel, y concertó la formación de la facción pagando á los alistados á su bandera seis reales diarios, y actualmente se dice hallarse en su compañía. En la tarde del 23 de septiembre próximo finado se vio pasar por las inmediaciones de Pliego al citado Juan Manuel, acompañado de otros cinco hombres armados, tres de ellos á caballo y los restantes á pié, cosa que nadie extrañó por la notoriedad de su vida errante y criminal; pero en la noche inmediata del 24 se difundió en el mismo pueblo de Pliego el rumor de que á su inmediación se estaba reuniendo una gruesa facción, capitaneada por el Noguera quien debería dar el primer grito en favor de Carlos VI en la propia noche y población, y pasar seguidamente á la de Mula, poner en libertad los presos del juzgado y ejecutar sus demás planes; mas por fortuna nada de esto se verificó.
El dia 25 continuaron y se robustecieron los rumores de que en la noche próxima se realizaría la explosion Tampoco ocurrió novedad, y el dia 26 se difundió la noticia de que habiendo concurrido al sitio de la reunión uno que llamaban el mariscal, les manifestó que no habiendo concurrido toda la fuerza con que contaron era necesario aplazar el movimiento para mejor ocasión y disolverse el grupo. Pasáronse tranquilos y sin otra ulterior noticia los días 27 y 28, pero el 29 ya se supo de oficio haber aparecido en el campo de Caravaca el Juan Manuel con otros catorce Montemolínistas, y hoy se asegura que han estado en la aldea de la Copa, distante media legua de Bullas, proclamando á su pretendido rey, pero sin ofender á nadie; y ayer estaban entre Cehegín y Calasparra en número como de 20 entre infantería y caballería acompañados del enunciado brigadier. Tan luego como el comisario de protección y seguridad pública, tuvo noticia de la presentación de los facciosos en el campo de Caravaca, reunió quince ó veinte guardias civiles y salió a su busca pero con la desgracia de que aquellos giraron por la derecha de Cehegín y Bullas, ó sea en dirección al Norte, y los guardias marchando por el Mediodía llegaron ayer mañana a Pliego y desde allí pasaron á esta villa, donde han pernoctado justamente con un destacamento de línea venido de la capital, compuesto de catorce hombres y un teniente, y todos salieron esta madrugada para Bullas, y de allí han continuado á las diez de la mañana en busca de la facción. También subió antes de anoche por aquí el comandante de la guardia civil de la provincia con otros cuatro caballos, y se ignora donde se halla; pero todas estas fuerzas son insuficientes, y sí el gobierno no despliega instantáneamente la mayor energía no nos faltara que sentir, mayormente sí se verifican los rumores que también corren de que este movimiento será secundado en Orihuela, de donde dicen procede el precitado brigadier o coronel, y en cuyo punto se susurra haber dicho el mismo que tienen ya cosidos los uniformes.
Interesante este relato porque corrobora con un periodico distinto que la información sobre la estancia de Juan Manuel el bandolero en la Copa de Bullas es cierta. Al parecer ante el revuelo por la inminente proclama y quizá porque probablemente se había filtrado la información relativa al alzamiento, Juan Manuel no hizo el llamamiento público en su Pliego natal, tampoco en Mula o Bullas donde su presencia habría levantado sospechas entre la población y también era constante la presencia de la Guardia Civil. Es posible que eso motivase el que Juan Manuel decidiera comenzar el alzamiento al grito de Viva Carlos VI en La Copa de Bullas, quizá no tenía el apoyo popular suficiente y se le apremiase desde la dirección política y acudiera donde mejor conocía el terreno. Ésta noticia también nos aporta información sobre el misterioso personaje político del Brigadier o coronel que se hace llamar Ortega y nos da pistas sobre la pugna existente entre el Estado y los ciudadanos que vieron en aquellos sublevados carlistas un medio con el que canalizar sus reivindicaciones. En la segunda noticia se nos dice que al llegar a La Copa de Bullas la tropa era de 14 hombres pero que tras la proclama del alzamiento se unen seis hombres más que probablemente serían vecinos de La Copa de Bullas o de lugares cercanos, no sabemos si por convicción política o por simple necesidad de cobrar el jornal de soldado que prometía el bandolero que hacía de agencia de reclutamiento para los intereses políticos Carlistas. Eran tiempos duros y la presión y la injusticia que sufrían los ciudadanos de Bullas y la Copa eran muy duras como da buena cuenta de ello esta noticia de "El espectador" fechada en Madrid el 1 de Enero de 1847, sólo unos meses antes de la insurrección de Juan Manuel y el Brigadier y que reproducimos a continuación
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