El Día Internacional del Orgullo Gay se celebrará el próximo 18 de junio. Una fiesta para instar la tolerancia y la igualdad de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales. Mucho ha llovido desde la redada policial en el pub Stonewall Inn del barrio neoyorquino de Greenwich Village. Este altercado tuvo lugar la madrugada del 28 de junio de 1969. A raiz se produjeron disturbios y manifestaciones espontáneas contra la actuación policial que se fijan como origen de esta conmemoración festiva . Frecuentemente se cita a estos disturbios como la primera ocasión, en la historia de Estados Unidos, donde la comunidad LGBT luchó contra un sistema que perseguía a los homosexuales con el beneplácito del gobierno. Tal circunstancia, hace que aquellos enfrentamientos sean reconocidos como catalizadores del movimiento moderno pro-derechos LGBT en todo el mundo. La lucha por la igualdad de derechos ha sido una constante en la humanidad. El peso en la sociedad moderna de ciertos prejuicios arcaicos, heredados de las peores tradiciones religiosas, impele a recordar la lucha de los colectivos discriminados por la irracionalidad de una sociedad decadente, incapaz de hacer feliz a sus integrantes, ya sea por su raza, edad, sexo, situación económica, nivel de formación, creencias o identidad sexual. Europa ha sido históricamente la vanguardia de esa lucha, si bien, no se ha desarrollado de manera homogénea en todos los Estados. España ha sufrido una regresión importante en los últimos ochenta años.
En España no siempre hemos sido tan trogloditas como actualmente. El factor de influencia mas negativo en nuestro país, ha sido el peso de la ideología cristiana. Este modo de pensar se integró en el Estado décadas atrás y todavía sigue presente. El cristianismo comprende la sexualidad como un acto destinado a la procreación, por lo que cualquier actividad sexual que la impidiera, se juzgaba pecaminosa y contraria a la ley de Dios. Esta evolución llegó al punto de que se identificaba la llamada sodomía con la traición al Estado y se castigaba con la muerte en la hoguera. El punto de inflexión de esta tendencia lo representa la Ilustración, en la que las libertades individuales comienzan a cobrar importancia, eliminándose en 1822 la sodomía del Código Penal de España. La evolución hacia la aceptación de la homosexualidad, difícil y lenta, se vio interrumpida por la Guerra Civil y la dictadura franquista, que introdujo una feroz represión de los denominados violetas. Esta represión se incrementó especialmente a partir del 15 de julio de 1954, cuando la Ley de Vagos y Maleantes, fue modificada e incluyó a los homosexuales. Decía:
A los homosexuales, rufianes y proxenetas, a los mendigos profesionales y a los que vivan de la mendicidad ajena, exploten menores de edad, enfermos mentales o lisiados, se les aplicarán para que cumplan todas sucesivamente, las medidas siguientes:
a) Internado en un establecimiento de trabajo o colonia agrícola. Los homosexuales sometidos a esta medida de seguridad deberán ser internados en instituciones especiales, y en todo caso, con absoluta separación de los demás.
b) Prohibición de residir en determinado lugar o territorio y obligación de declarar su domicilio.
c) Sumisión a la vigilancia de los delegados
Los establecimientos de trabajo y colonias agrícolas eran auténticos campos de concentración, como el de Tefía en la Isla de Fuerteventura, donde los presos tenían que trabajar bajo condiciones inhumanas hasta caer agotados soportando palizas, castigos corporales y hambre. Un total de unas 5.000 personas fueron detenidas por tener un comportamiento gay durante el franquismo. La Iglesia y la medicina colaboraron con el régimen para eliminar cualquier espacio de dignidad para los homosexuales.
Si bien este relato parece lejano, baste decir que el franquismo terminó hace cuarenta años y todavía no se ha producido un cambio generacional en las esferas más influyentes. Es preciso un giro para que haya un compromiso pleno de los responsables políticos y dotar de recursos a los colectivos implicados en la integración de las personas LGBT. Es prerrequisito una modificación normativa para suprimir el pacto ominoso, que el Estado selló con la Santa Sede en la Construcción del 78. La separación iglesia-Estado constituye el paso previo a la separación de la moral católica de la esfera social.
Tras la dictadura, la evolución hacia la aceptación ha continuado, aunque la homofobia continúa siendo una fuerza poderosa en la sociedad española.
Esta evolución ha sido más lenta en el ambito rural. Ser LGBT en un pueblo puede ser un estigma a día de hoy. Si bien entre los jóvenes existe una mayor aceptación, todavía hay rechazo y presión social por parte de las personas de mayor edad y una tolerancia forzada por aquellas de mediana edad. En los pueblos existe lo que se ha dado en llamar homofobia liberal. Este tipo de homofobia, prevaleciente en la sociedad española, desde la década de 1980, se caracteriza por el «sí, pero...»: se tolera benevolentemente la homosexualidad, a condición del silencio de la condición homosexual. Se integra al homosexual silencioso siempre que asimile y acepte la «normalidad» del modelo hetero patriarcal, «por su propio bien». Este razonamiento está basado en la creencia que las personas heterosexuales son por naturaleza, superiores, invisibilizando cualquier otra forma afectivo-sexual diferente a la heterosexual. Se critica la pluma por su visibilidad, o cualquier marca de subcultura o estética gay y, por supuesto, las manifestaciones en la calle. Cualquier transgresión es rechazada e incluso reprendida. A veces la presión es tan grande que los conflictos conducen, en muchos casos, al trastorno mental. Esta problemática es comprendida por el entorno mas íntimo y silenciada muchas vece por el entorno familiar. En algún caso se ha llegado al suicidio. Ser LGBT en un pueblo puede ser demasiado duro. La realidad nos muestra que existe un éxodo de personas LGBT, del campo a la ciudad, por motivos de identidad sexual. El ámbito rural todavía conserva el rancio perfil carpetovetónico como garante de la tradición patria. Por ello es preciso, que se se haga un traslado de la lucha del colectivo LGBT a los pueblos. Ciertamente es más fácil desarrollar la personalidad en un marco de intimidad y respeto. El anonimato del estilo de vida urbano favorece las manifestaciones como el día del orgullo, pero sería interesante que desde el colectivo LGTB, se hiciese un esfuerzo para trasladar este día al entorno rural y dar voz a los que viven silenciados.
Miguel G. Macho habla de la lucha de clases, la lucha obrera y la lucha por las libertades personales en contraposición al reaccionarismo imperante en nuestra sociedad industrial. Pero hay que poner el foco en los pequeños entornos. La lucha obrera es casi imposible en la pequeña empresa, o trabajando para un autónomo. Es fácil reivindicar derechos cuando trabajas para La Administración, en una gran empresa o en una multinacional. Pero cuando trabajas para un autónomo o en una pequeña empresa familiar, es bastante díficil plantear ciertas cuestiones. Más si cabe, cuando la mayoría de pequeños empresarios, piensa que las políticas de derechas benefician su negocio.
Dice G. Macho:
"Si defiendes el capitalismo voraz, el degenerado mundo sin ideologías y la total y absoluta libertad de empresa por encima de la libertad a no morir de hambre, tener techo, recibir educación, garantía de salud o la más básica dignidad vital; me tendrás enfrente levantando el puño y armado con palos y piedras si hace falta."
"Si tu reaccionaria forma de pensar te lleva a ridiculizar, condenar, golpear o matar a cualquier persona por su orientación o identidad sexual —sea en el país que sea y en el contexto que sea— me tendrás enfrente luchando contra ti hasta el final y abrazaré a todo hombre y mujer al que culpen de haber amado o deseado sexualmente a otro ser humano."
Pero yo quiero recordar que la lucha por los derechos se recrudece, cuando el campo de batalla es más pequeño. Hagamos que el mundo sea grande en la lucha por los derechos y dignidad de las personas. Llevemos a los pueblos las luchas del pueblo.

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