miércoles, 27 de febrero de 2013

El otro Gesell:.


Que el capitalismo debe modificarse, lo reconocen ya hasta los mismos capitalistas.

 Recientemente ha fallecido Frédéric Hessel, este diplomático, escritor y militante político ha estimulado las conciencias de millones de personas con sus obras literarias, en las que insta a la ciudadanía a la insurrección pacífica y a abandonar el rol que nos atribuye  la sociedad de consumo. Si la situación económica fuese otra, este señor moriría sin ningún titular, y probablemente casi nadie le conocería. No lo podemos negar, la literatura reivindicativa está de moda en los momentos de crisis. Los textos de carácter político estaban constreñidos al pequeño círculo académico, o a los profesionales y  aficionados a la política. La realidad literaria en la época de burbuja especulativa era esta: se amontonaban en las bibliotecas las obras de crítica al capitalismo sin que sus autores o los estudiosos se sintieran capaces de proponer algo mejor. Pero la crisis nos ha dado la oportunidad de desempolvar esos textos y participar por medio de las redes sociales en algo tan, tan grande, que nos ayudará a realizarnos como personas, más (por supuesto), que cualquier necesidad material individual que tengamos; podemos cambiar el mundo.  Está claro que no es lo mismo descubrir el fallo, que encontrar el remedio, pero la falta de audacia de la clase política roza lo vergonzoso. Desempolvando textos y por la similitud semántica, me surgió  una confusión que traté de solventar. Recordaba haber leído algo sobre Gesell o Hessel y soplando los ácaros en  mi ciber biblioteca encontré la solución. De toda la biografía y obra del otro Gesell,  rememoré una parte en la que  este economista proponía un sistema de divisas con interés negativo. La forma más conocida de esta divisa fueron los "sellos moneda", los cuales requerían un sello que se estampaba en la parte de atrás del billete cada mes, para revalidarlo. Lo cierto es que el dinero está bien como medio de cambio, pero tiende a ser usado como un instrumento de poder, capaz de dominar y distorsionar el mercado. El dinero puede ser atesorado, es decir, sacado temporalmente del mercado con propósitos especulativos sin que además, el que lo posea esté expuesto a pérdidas. Los bienes materiales reales, por otro lado, no pueden ser atesorados sin costes significativos, bien por el deterioro natural, el coste de almacenaje, o la demanda del bien, como ocurre con una manzana que se pudre, o una vivienda que se agrieta, o como con el oro que debe ser bien protegido y en algunas situaciones desaparece su demanda.
Para estimular la circulación natural de la riqueza en vez del estancamiento especulativo,  Silvio Gesell propuso los "billetes oxidables" (una metáfora para el dinero con interés negativo), para producir una "reforma orgánica" del sistema monetario. Así, el dinero al comportarse como la riqueza material "real", suprime las distorsiones en el sistema causadas por el atesoramiento y otras formas de usura. Esto propiciaría que la gente tratara de percibir las ganancias completas de su propio trabajo, es decir, evitaría al Estado o a la banca como el intermediario necesario para la mayoría de transacciones comerciales. De esta manera, con el paso del tiempo el Estado tendría el papel que teóricamente le corresponde, es decir, la de velar por los intereses estratégicos supra estatales, la defensa y la función de policía. Desaparecerían los impuestos para otras funciones que no fuesen la enumeradas, y eso permitiría a grandes sectores de la población librarse de la esclavitud del salario, fomentando trabajar de una forma autónoma o en negocios privados y cooperativos.
Un experimento exitoso con las teorías de Gesell tuvo lugar en la ciudad austriaca de Wörgl en 1932, durante la depresión. Este pueblo austríaco se quedó sin dinero, por lo que el alcalde imprimió el suyo propio. La divisa resultante, el sello moneda de Wörgl, fue diseñado para generar automáticamente interés negativo. Cada mes, sus tenedores tenían que pagar una tasa del 1% del valor del sello moneda, por lo que la gente trataba de gastar el dinero lo más rápido posible. Esto redundó en un enorme incremento en la "riqueza real": nuevas casas, un nuevo sistema de agua, calles pavimentadas, un nuevo puente, un salto de esquí, etc. Pero cuando cientos de otras ciudades austriacas elaboraron planes para copiar el esquema de Wörgl, en el Banco Central austriaco cundió el pánico por la amenaza a su monopolio, y una ley declaró ilegal el emitir una divisa alternativa en Austria.

La mayoría de las ideas económicas alternativas, incluso aquellas tan benignas y sensatas como las que proponía Gessell, han flotado en la mente de los estudiosos por décadas sin que nunca hayan sido llevadas a cabo. Los ciudadanos e incluso los propios estudiosos, estamos expuestos a argumentos como "si esta es una idea tan buena, ¿por qué no ha sido ya llevada a cabo?. Es importante darse cuenta que haciendo estas objeciones, nunca somos convencidos por razonamientos lógicos. ¿Podemos deducir que sólo la aceptación de estas ideas por parte de una persona con una reconocida autoridad nos convencería? ¿ Ó necesitamos una situación de crisis extrema para reaccionar?  Ese es el argumento más utilizado para convencernos de algo, por muy irracional que sea.  Es lo que ocurre en España cuando nuestros políticos citan a autoridades extranjeras para convencernos que cobrar menos salario es más europeo, que nuestra gasolina es la más barata de Europa o que nuestra sanidad y educación funcionarán mejor con el modelo que se sigue en Europa. La transición del hombre de rebaño a hombre completo e independiente, en individuo, es decir, en persona que rechaza todo yugo por parte de sus semejantes, se inicia con los primeros ensayos de la división del trabajo y es la espina dorsal en la que se fundamenta la lucha de clases. Esta evolución se habría cumplido hace tiempo si no hubiese tropezado con algunos fallos que están retrasando el proceso y que surgen de nuestro modelo territorial y de nuestro sistema monetario. Estos fallos dieron origen al capitalismo, y éste, a su vez, para defensa propia, creó el Estado tal cual es hoy. Los partidos políticos, todos sin excepción, carecen de programa económico, se mantienen sólo a fuerza de frases. Todos los partidos parecen estar sinceramente dispuestos a ponerle un punto final a la danza loca de la economía internacional; todos parecen hartos de la inseguridad y de la injusticia; todos parecen luchar por la paz; pero “no” todos (ninguno) anhelan que se inicie por fin una nueva época ascendente en la historia humana.  No tiene sentido que los parlamentarios discutan  sobre cómo solucionar el problema del paro, la crisis, las guerras o cualquier otro asunto, si niegan o en algunos casos ignoran completamente las leyes que rigen la vida económica. Tampoco es necesario cambiar los gobiernos, organizar movimientos, manifestaciones o  implantar medidas, tanto si es por sufragio como si lo es aprovechando hábilmente el descontento general, ya que  todos estos cambios o manifestaciones, forzosamente resultarán estériles por falta de un planteamiento económico coherente e irrefutable, tanto moral como teóricamente. Para nada sirven todos los adelantos técnicos, si el desorden económico impide su aplicación, excepto claro está, en los casos donde de manera directa se tratan de destruir o de ocultar. Esta actitud oscurantista, construye una opinión pública que no crítica a los parlamentos, su charlatanería o su ineficacia proverbial, lo que propicia a su vez que se retroaliemente  el sistema burocrático y el esquema capitalista propio del Estado actual. Esta maquinaria, crea problemas inexistentes para los que se plantean soluciones basadas en necesidades ficticias. Los avances científicos y tecnológicos son abundantes, pero hace falta romper las cadenas y el yugo económico que ata pies y manos a esa masa de ciudadanos comprometidos con  un mundo mejor, decididos a superarse: emprendedores, investigadores, estudiosos, trabajadores por su futuro  que necesitan el soplo de la vida  en  sus proyectos.  Resulta retrógrado pensar que nosotros los ciudadanos del siglo XXI nos decantaremos por un nuevo líder populista, o por una nueva religión. Por tanto, ya es hora de que la gente se atreva a hablar de ideas o valores, o que encontremos el valor para citar a autoridades intelectuales, como hizo por ejemplo John Maynard Keynes con el concepto de interés negativo de Silvio Gesell y que plasmó en esta rúbrica: "Yo creo que en el futuro aprenderemos más del espíritu de Gesell, que del de Marx".  Sin embargo,  nosotros sin cambiar el sustrato económico o moral,  nos hemos aplicado vehementemente otra de las ideas de Gesell,   aquella que dice: " el egoísmo es un factor a tener cuenta ya que el interés propio de los individuos es algo natural, sano y una buena motivación para actuar y ser productivo"...aunque en nuestro caso, cegados  por el espejismo capitalista,  hemos hecho bandera de esa máxima a costa del medio ambiente, de otros seres vivos a los que no respetamos y por los que no sentimos ninguna empatía,  sean o no, de nuestra misma especie.

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