martes, 27 de agosto de 2013

.: COMUNICACIÓN Y RUIDO:.



El engaño y la verdad conforman la realidad.

 ¿Cómo interpretamos, cómo fundamentamos, como se crea o se vacía de sentido y de valores  la propia “realidad” y  las formas de ser o actuar en el mundo con tanto ruido?.
 Son la vivencia misma de una crisis profunda  y el  propio valor de la existencia, o una subsistencia sin esperanzas y sin objetivos  los que se han transformado en el gran drama y desencanto de la sociedad. Afirmar que las sociedades humanas nunca han atravesado un período de cambios tan radicales, acelerados y dramático, es ya un lugar común. Se glorifica y también se teme a la ciencia y la tecnología, lo mismo ocurre con las transformaciones económicas y geopolíticas; se describen pero no se entienden bien la  mayoría de estos cambios, y se repiten frases hechas sobre la pérdida de la solidaridad y la confianza, el quiebre de los lazos sociales, la “crisis de valores” y el “desencanto” con respecto a las ideas sobre el desarrollo mientras se multiplican los editoriales sobre el empeoramiento de las condiciones de vida y la marginalización de cientos de millones de seres humanos. Los medios de comunicación han hecho visibles estas realidades de acuerdo a sus propios intereses de producción mediática, llevándonos de la curiosidad al asombro, y del entretenimiento a la dramatización, al horror, y finalmente a cierta insensibilización e impotencia por la saturación permanente de información, convirtiendo el exceso de información en una sutil estrategia de desinformación.


Hemos perdido la confianza fundamental en las instituciones y en sus "representantes" que ya en nuestro imaginario están marcados por la incertidumbre, la inseguridad, la "intemperie" y el sinsentido. Pero tras el desencanto y la frustración, surge la reacción (la resiliencia): los "excluídos" buscan expresarse, necesitan valor para exigir sus derechos perdidos (trabajo, vivienda, salud) paralelamente temen perder el reconocimiento de su identidad y su diferencia. Así el "ciudadano medio", se identifica y trata de recrear afiliaciones simbólicas en causas de "bien público" mientras otros abrazan dogmas y utopías reaccionarias de destrucción masiva. En estas condiciones críticas la comunicación puede realizar un aporte considerable tanto a la comprensión, como al diagnóstico y la intervención social. La comunicación debe asumir el desafío de producir un saber a la vez transversal en sus aportaciones como disciplinario y accesible a la gente. La comunicación implica un proceso de recreación de los vínculos y del lazo social pero también su concreción en actos y en valores. La comunicación debe ser el lugar del sentido.

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