viernes, 6 de septiembre de 2013

.:SE BUSCA PATROCINADOR PARA MI TRASPLANTE:.


La desfachatez de unos políticos que malgastan y la actitud de unos ciudadanos que ven en  la caridad  un elemento de cohesión. 

El conformismo de una sociedad, hastiada y hundida en un modelo de Estado que no satisface a nadie y que sobrevive de manera artificial bajo la volátil idea de la  patria, el Estado, la nación,  y olvidan  las circunstancias de  sus familiares,sus vecinos y las suyas propias.

Un rector de una universidad española, ha propuesto crear una bolsa para canalizar donaciones de aquellas personas que al igual que apadrinan un niño en África, quieren apadrinar a un estudiante español pagando su matrícula.
Buscar fórmulas en el ámbito privado para tratar de paliar los efectos de los recortes es una buena solución ya que todos los ciudadanos han pagado y seguiremos  pagando las deudas del sector privado, la banca o el  sector inmobiliario. Veamos;  si el  perro de mi vecino molesta con su  ladrido sería justo que existiese una ley que defendiese el derecho al descanso y que coexistiera con el derecho a tener perro. Pero en el modelo de soluciones privadas, la “acción social” samaritana nos muestra un terrible fallo en la gestión del Estado, una externalidad por la que los mismos que soportamos el ladrido del perro, vivimos en la más absoluta indigencia ya que  no tenemos derechos, si no el deber de pagar a pesar de sufrir las impertinencias perrunas. Nos dicen que paguemos  para que ellos puedan ejercer su derecho y que todo funcione, se insonoricen los muros, nos compren tapones para los oídos, pero no pierden su derecho y no se deshacen del can, es más, cada día nos piden más dinero. Recortan nuestros derechos tanto por el lado estatal como por el privado. En una malvada conjunción público-privada  se han unido para subir impuestos y bajar nuestros sueldos al aumentar el precio de lo que necesitamos. Todo el dinero que obtiene una economía viene del esfuerzo de las personas y han de ser las personas las que designen quienes han de ser  (dentro del marco legal establecido) las encargadas de distribuir la riqueza de manera eficiente. Si se consiente que sean otros distintos a los elegidos en las urnas los que decidan quien o quienes tienen derechos, no podemos hablar de Estado de Derecho.
La financiación particular y la falta de desarrollo legal en los derechos más básicos de  la vida en el ámbito privado, conduce de modo perverso a la beneficencia del modelo norteamericano, en el que el Estado tiene poco o nada que decir en cuanto a garantizar el acceso a la educación y a la sanidad, la vivienda o a los servicios básicos, dejando al ciudadano a merced del entorno o de sus circunstancias, o de la suerte.


 Por otro lado la situación de salida para una futura privatización de los derechos básicos, perjudica mucho más a la clase trabajadora y a los pequeños empresarios, ya que el entorno actual favorece de manera exclusiva a unos pocos privilegiados, que acumulan la riqueza en proporciones insultantes para un país que presume de reconocer en su constitución todos los derechos de una sociedad moderna; aunque paradójicamente  los gobiernos puedan dar y quitar, modificar o suprimir según su ideología o valores.
En España ya se está induciendo en la opinión pública la idea, (la dirección), en la que este gobierno pretende que caminemos. Han empezado con su su mega-show televisivo de la caridad “ENTRE TODOS”. Un programa dónde se deja a merced de la voluntad de un particular el costear que un niño pueda usar un andador y unas plantillas para andar, cuando  es obligación del Estado el que ese niño pueda ejercer unos derechos que tiene reconocidos constitucionalmente. Mientras tanto, si ante un caso de corrupción a alguien se le ocurre hablar de bajar el sueldo a los políticos y a los directivos de las empresas, se encontrará que las acreditadas voces de la cultura y los eruditos de la política, de manera condescendiente y paternal le  llaman demagogo. 
Pretender que el Estado de Bienestar caiga en la dependencia de fuentes de financiación  voluntarias  y discrecionales es despiadado.
Un ejemplo de caridad farisea es el que el todopoderoso dueño de Zara,  Amancio Ortega, nos ha dejado en una limosna, para dormir más cristianamente satisfecho con su persona. Este buen católico dona a una asociación de corte religioso 20 millones de euros, que suponen únicamente el 0.05 % de su patrimonio. Cuán generoso es este señor que dona a Cáritas lo que vendría a suponer para un ciudadano que gana 10.000 € al año dar una limosna de 5 €. La crisis también ha hecho mella en las asociaciones seculares que a causa de la incompetencia y el abandono del Estado se han visto desbordados por la demanda de caridad cristiana en forma de comida y vestido mientras sus patrocinadores siguen viviendo a todo tren. Así la omnipotente  iglesia  sólo aporta a la asociación cuatro millones de los seis mil que recibe anualmente del Estado español, sin tocar ni uno sólo de los que  tiene en su patrimonio. 
Pero además, en este país de razonamientos oriundos del franquismo y de adheridos post-generacionales, es más que probable que caigamos en una caridad discriminatoria semejante a la que ejerce el partido ultraderechista Alba Dorada, que dirige su campaña de ayudas a griegos necesitados, utilizando la criba de Eratóstenes y dejando fuera a todos los "primos" que no simpaticen con el movimiento.
En España podría ser que los bondadosos y condescendientes herederos del poder divino de la justicia financiera ofrecieran su generosa ayuda a matrimonios heterosexuales católicos y afines al sentimiento patrio. También serían caritativos con mucha pompa y publicidad para aleccionar al resto, con algún ex-militante social indignado, pero en uso de esa discrecionalidad, la gran mayoría se quedarán fuera y sin ningún derecho legalmente reconocido.
La solidaridad es una cualidad muy importante que nos hace mejor persona y crea sociedades más justas, pero intentar que sustituya la igualdad de oportunidades que rige los principios básicos de una democracia equitativa que redistribuye la riqueza sin que se dependa de la voluntad del que más tiene, es malvado, ruin, miserable y cruel.

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