Esta mañana
he sido testigo de un hallazgo fascinante. Posada en las flores de una planta en mi balcón había una avispa. Puede
parecer algo normal, pero esta avispa era distinta a las que yo había visto.
Cámara fotográfica en mano y con las avispas
de la curiosidad picándome sin parar, me he puesto a investigar. Al principio no lo tenía muy claro, mi falta
de destreza con la cámara me inducía a pensar que podría ser un ejemplar
de Australian Hornet, un tipo de
avispa solitaria con unas costumbres bastantes sencillas. Luego he apreciado
ciertas marcas características que sugerían que podría tratarse de un espécimen de Ropalidia marginata, una subespecie con unos
hábitos sociales muy curiosos. Tras examinar las fotos he llegado a dos
conclusiones: primero, soy un negado para la taxonomía animal, para mi
son prácticamente iguales los dos tipos y segundo, ahora entiendo mucho mejor los
últimos acontecimientos políticos en Europa, Grecia y España. ¿Qué tendrán que ver las avispas con la política? A priori
nada. Grecia, que podemos definir como un
individuo solitario (estigmatizado por los rescates) en esta crisis de la colmena europea, está a punto de comenzar una
metamorfosis, por lo que más que una avispa, podríamos identificarla con una
mariposa, o con un renacuajo. En España individuos solitarios, muestran su
discrepancia y algunos piden adelanto electoral dentro del avispero
gubernamental. Los zánganos de las otras
tabarreras que constituyen la vieja guardia de la política nacional, aspirantes
sempiternos a libar el néctar del poder, están mostrando una postura ante esos cambios de conducta, que me provocan cierta inquietud. Vamos a ir desarrollando esta
metáfora que me ha roto la frente al
mirar la avispa de mi balcón. Muchos no estarán de acuerdo con esta analogía, ya
que existe la creencia popular (o mito religioso) que sugiere que los humanos
nos parecemos más a las abejas. Mi opinión es que sólo en algunas ocasiones nos
parecemos a las abejas. De lo que estoy seguro es que establecer ese
paralelismo del sacrificio y el trabajo por el bien común ha dado muy buenos
resultados a zánganos manipuladores. Sin
duda somos más parecidos a las avispas porque la inmensa mayoría de las avispas
son parásitos (o más bien parasitoides) o predadoras y ciertamente el
comportamiento social global del ser humano y su efecto sobre el planeta, (que
no las motivaciones internas de cada uno), son destructoras de recursos. Evidentemente
nadie quiere y a nadie hace feliz, saberse consciente y parte de una
colmena que está acabando con los recursos del planeta, en contra de su propia
supervivencia. Tampoco ayuda a dormir tranquilo el saber que cuantos menos recursos, más duras serán
las luchas internas por su control. Lo cierto es que tanto a nivel global,
estatal, local y personal esa realidad encubierta es cada día más palpable. El
ecosistema político español y el europeo está siendo colonizado por una nueva
especie invasora de los que se definen como” nuevos partidos”. Los viejos
partidos, a la zaga, al constatar su merma en las urnas y tras su flamante remozado, parecen
advenirse plácidamente a las nuevas formas de representación participativas.
Para ello han establecido una serie de mecanismos más o menos democráticos para
delimitar los liderazgos. Sin embargo, el grado de imprecisión y laxitud en las normas que rigen los procesos asamblearios, no delimitan claramente el mecanismo para tomar una decisión en un plazo concreto. Siempre existe la posibilidad de que otro órgano fiscalice, valide o derogue esa decisión. Lo anterior se materializa como una indeterminación en quien o quienes serían los responsables últimos que deben dirimir el empate o falta de decisión de las asambleas. Es especialmente opaco en la asignación de responsabilidades en los procesos de selección de la cúpula.
Esta situación despierta suspicacias en unos, y allana el ascenso a
los niveles superiores para otros. Se fija una agenda y se establecen un número indeterminado de asambleas y no hay mecanismo alternativo a la indecisión de
las asambleas. Al final, el tiempo es decisivo y es aquí donde entra en marcha
el mecanismo interno de tomar las decisiones en pequeños grupúsculos como hacen
las abejas, que deciden que grupo de larvas serán las próximas reinas. No
estamos preparados para reconocer que somos avispas.Muchos de los allegados a la nueva forma de hacer política creen que al igual que ocurre con las abejas, serán las obreras, (la masa social) las encargadas de transformarles en reina llegado el caso. Así ha sido hasta ahora.Dentro del panal existían junto a la reina una serie de potenciales reinas custodiadas por avezados zánganos esperando la ambrosía en forma de jalea que les encumbrara al olimpo. Esos días han llegado a su fin. Al igual que la avispa de mi balcón, los nuevos avisperos políticos tienen mecanismos más complejos para su organización. En estas avispas, las reinas se muestran sorprendentemente dóciles y conductualmente no dominantes. A pesar de su docilidad, sin embargo, la reina es capaz de mantener el monopolio reproductivo endogámico en su colonia.Nuestros líderes políticos se muestran ahora flexibles y dialogantes. Sin embargo cuando por alguna causa se pierde
la reina, una de las avispas obreras, se convierte en extremadamente agresiva en
cuestión de minutos. Este individuo aparentemente igual al resto, desarrolla
sus ovarios y comienza a poner huevos a los pocos días. Una vez erguida como
nueva reina disminuye gradualmente sus niveles de agresión, y con el tiempo se
convierte en una reina normalmente dócil. Los insectos sociales, al igual que los
políticos, proporcionan una excelente plataforma para investigar el flujo de
información en las organizaciones. Tanto en un partido político como en un
avispero, el éxito de su estructura social se logra esencialmente con mecanismos de información efectivos y complejos entre los
miembros de la colonia. El nuevo modelo de partido político se nos presenta con
una estructura en la que existe una red de interacciones conductuales en un plano
horizontal, pero al no existir verticalidad aparente, se complica el análisis de los sistemas y motivaciones subyacentes. No hay establecido en el partido, una clara línea entre el aspirante y el puesto,
pero siempre debe parecer que impera la transparencia y la igualdad. En estos nuevos
partidos tiene un papel mucho más relevante el rol adquirido. Esta creación social existe en todas las
organizaciones, pero en estos partidos viene a complicar todavía más la ya de por sí
compleja estructura interna. Estas nuevas estructuras de poder no difieren demasiado de los antiguos modelos
verticales, con la salvedad de que ahora es más difícil separar lo que los individuos son en el partido, de lo que representan.
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