.:La Santísima Trinidad :.
El colapso es la tónica a lo largo de la historia de los sistemas económicos y las comunidades. Junto al sistema colapsan los imperios o naciones que los sustentan . Cada vez que la velocidad de creación e innovación en la tecnología superan a la velocidad de adaptación del sistema económico, el sistema muestra disfunciones y surge la revolución social. El capitalismo actual se sustenta en un mantenimiento artificial de la demanda de bienes y servicios utilizando para ello la obsolescencia planificada o el control de las materias primas. El sistema monetario agrava mas el problema sobre todo cuando no esta respaldado por valor material real. Ahora surge una disyuntiva porque los intereses del dinero empiezan a ser negativos. Para trasladar esta respuesta económica a la economía doméstica el dinero debería ser totalmente digital, algo que hoy ya es técnicamente posible y el pago en efectivo debería de dejar de existir. Pero estas medidas que se pretenden aplicar a los ciudadanos tendrán como siempre su laguna para los valores especulativos y derivados financieros que ya superan en 125 veces el valor de la economía productiva del mundo en 2015. Podemos afirmar que el capitalismo actual es simplemente una herramienta de dominación de la voluntad humana. El capitalismo ideal o decimonónico era el que intentó aplicar Henry Ford. El señor Ford redujo la jornada a sus trabajadores y subió los sueldos. Su objetivo era que cada trabajador pudiese comprar un coche. Se producía con toda la tecnología y todos los medios disponibles, se investigaba tratando mejorar el producto para competir con sus rivales.

El objetivo era liberar al ser humano del trabajo manual. Que la ciencia y la tecnología pudiesen ayudar al hombre a vivir mejor, tener mayor y mejor esperanza de vida, erradicar el hambre, acabar con la guerra y que cada individuo pudiera desarrollar su esfera personal para que sus avances hicieran mejorar la sociedad. Eso supondría poder llegar antes a casa, pasar menos horas en el trabajo, pasar mas tiempo con la familia, tener remedios efectivos para las enfermedades, poder tener distintos trabajos, aficiones, pasatiempos, deporte, vida sana,...vivir mejor. Pero a base de repetirnos el mantra neo-liberal católico del sacrificio humano, del perdónanos nuestras deudas, del que debemos renunciar a los placeres y de la vida terrenal esperando la gloria infinita, que el sacrificio es en si mismo un modo de liberarnos y ganar prestigio (aunque sea en el cielo), hemos construido un infierno, un leviatán que nos impele a degradarnos como personas sometiéndonos a los dictados de un sistema depredador que ha hecho nuestra vida más solitaria, pobre, malévola, bruta y corta. Un sistema económico que no desarrolla la investigación farmacéutica si no que sostiene la muerte y la enfermedad con remedios paliativos. Que no aboga por la educación y la cultura si no por el armamento y la guerra. Que no busca producir mejor y mejorar la calidad, si no, que todo se rompa para producir más cantidad de lo mismo pero mas barato. Que no quiere avanzar en la calidad de vida de los hombres, que incentiva modelos energéticos contaminantes, que en definitiva, no ayuda a ser mejores. En este contexto la religión es un utensilio muy artificioso pero que da muy buenos resultados económicos. Todas las religiones tienen mecanismos para capitalizar el trabajo del ser humano a cambio de nada. Ésta faceta de la religión ha sido integrada por la economía y la industria. Hay cosas por las que seguro no pagarías si las encontrases en un supermercado dentro de una lata: absolución de tus pecados por un euro, 2x1 en bendiciones por la salud, 3x2 en plegarias amorosas, grandes descuentos en remedios para encontrar trabajo, compre su parcela en el cielo a cómodos plazos. Esa actitud, que unos llaman "la mano invisible" y otros la irracionalidad del consumidor, supone como el hombre es capaz de dar sin recibir nada a cambio, o al menos, nada tangible.
Esta faceta humana ha sido utilizada por los teóricos del modelo capitalista para apropiarse los bienes y el trabajo por el mínimo coste. Actualmente se utiliza el termino competitividad, económicamente hablando, eufemismo de la palabra esclavitud. El capitalismo dice, que los trabajadores debemos competir entre nosotros para ver quien trabaja más horas cobrando menos dinero, quien es capaz de renunciar a la seguridad, a las vacaciones, a descansos, a su familia o a su vida por menos dinero. El trabajador ideal es el que trabaja gratis. Ese es, el trabajador más competitivo, es su optimo de Pareto. Ellos en un cálculo de partida cuentan con la irracionalidad del creyente religioso, con la rentabilidad del esclavo y desde ahí establecen la negociación. Éste quiere cobrar, éste trabaja más horas, a éste no le importa cobrar en B, a éste no hace falta darle de alta en la Seguridad Social...pero siempre a la baja. Hemos asumido que la riqueza es el dinero y que no se puede repartir dinero si no se ha creado. Hemos asumido que la mayor virtud es la caridad, y como no se puede dar a alguien dinero que no ha sido producido, la creación de dinero es anterior a la generosidad. Hemos asumido que la creación de dinero es prerrequisito de su reparto y que la autoría de esa creación es algo para lo que no todos están cualificados, incluso que algunos no están capacitados para subsistir. Así asumimos que aquel que produce más dinero es el mayor benefactor de una comunidad. Nos hacen creer que el dinero producido no está almacenado en ningún sitio físico, nunca, en ningún momento. Que los ‘ricos’ lo que tienen es la capacidad de decisión sobre ese dinero, de determinar a qué uso estará destinado. Pero es falso, si lo pensamos fríamente esa supuesta riqueza es papel pintado con numeritos y chapas de metal estampado. Chapas y papel pintado a cambio de horas, minutos, segundos o nuestra vida entera. ¿Para qué sirve el dinero, si la gente muere de hambre?¿ Para qué sirve el dinero, si la guerra continúa? ¿Para qué sirve el dinero, si no hay justicia?.
El funcionamiento del capitalismo como sistema económico es el funcionamiento del hombre capitalista. Los estereotipos son odiosos, pero en la televisión, en algo tan inocente como los dibujos animados encontramos algunos personajes que ilustran muy bien como son nuestros capitalistas. Uno de estos liberales decimónonicos es el Tío Gilito. Para aquellos que en su infancia no vieran las series de dibujos animados o los cómics de Disney, aclararemos que el tío Gilito es un personaje no muy simpático, que desprecia a su sobrino -el pato Donald- y que posee una enorme fortuna. La almacena en grandes silos con forma de caja de caudales y con un inmenso signo del dólar cubriendo la fachada. Dentro, montañas de dinero en efectivo –billetes y monedas- sobre las que el Tío Gilito se arroja, desde un trampolín, nadando literalmente en su riqueza, pasatiempo en que encuentra su máximo placer. Odia tener dar dinero a obras benéficas y su mayor tesoro es la primera moneda de diez centavos que ganó. Para el Tio Gilito el prestigio lo es todo. Su universo gravita alrededor de la lucha con otro pato millonario por mantener el honor de ser el pato más rico del mundo.
Otro de estos personajes capitalistas sería el señor Burns de la serie de televisión de dibujos animados Los Simpson. Es propietario de la Planta de energía nuclear de Springfield y por tanto jefe de Homer Simpson. El señor Burns es el ciudadano más poderoso de Springfield. El señor Burns viene de una familia poderosa. De bebé, Burns ya mostraba aptitudes de niño rico mimado y caprichoso. Suele usar su poder y riquezas para hacer lo que le place sin pensar en sus consecuencias y sin la intervención de las autoridades. Sus rasgos más comunes son la avaricia y el egoísmo. Personifica caracteristicas del gran empresario, en especial el insaciable deseo de seguir aumentando su propia fortuna y poder a costa de la desgracia ajena. El señor Burns también encarna el estereotipo de jefe poco atento y desinteresado: suele olvidar el nombre de algunos de sus empleados, y poco o nada le preocupa su seguridad y bienestar. Es el estereotipo clásico de capitalista despiadado y sin ninguna clase de escrúpulos. Legusta presumir de su gran fortuna y menosprecia las clases más pobres, aunque piensa que la esencia de las relaciones sociales se encuentra en las clases proletarias, con las que ocasionalmente se ha intentado mezclar sin éxito o aceptación. También se le ha visto acudir a la iglesia. Podría ser perfectamente hijo del Tio Gilito, para Burns el dinero es algo secundario, un medio para conseguir su fin; el poder. El otro personaje sería el Señor Cangrejo personaje de la serie de televisión Bob Esponja. En la serie, es el jefe de Bob Esponja y el dueño del restaurante "El Crustáceo Crujiente".El restaurante fue fundado por el señor Cangrejo en los años 80, cuando compró un asilo de ancianos en bancarrota, y con unos pequeños cambios lo convirtió en una austera hamburguesería. Lo más importante para él, es el dinero, su rasgo más importante es la tacañería. Es capaz de cualquier cosa para captar clientes y tener beneficios. Frecuentemente hurga en la basura, busca calderilla en los rincones más inmundos y casi siempre lo puedes encontrar ideando alguna manera de conseguir dinero, no siendo todas las veces de forma justa o legal. Sabe que Bob Esponja ha asumido el roll de trabajador de clase media y se aprovecha de esa actitud de abandono y sumisión que Bob Esponja tiene respecto a su tiempo. A pesar de que Bob Esponja logra desesperarlo facilmente, a Don Cangrejo le encanta tenerlo como empleado ya que trabaja mucho por poco dinero. En ocasiones Don Cangrejo toma con su empleado el papel protector y surge entre ambos una especie de relación padre-hijo. Su relación es distinta con Calamardo. Le molesta que Calamardo tenga otros intereses distintos a trabajar en su restaurante, siempre amenaza con despedirle, algo que no preocupa lo mas mínimo a Calamardo que tiene una prolífica actividad fuera del trabajo. No ocurre así en el caso del feliz alineado Bob Esponja, que no podría vivir sin trabajar en el restaurante, aunque fuese sin cobrar. El señor Cangrejo siempre está en su oficina haciendo sumas y contando billetes, podría ser hijo del señor Burns y nieto del Tio Gilito.
Los tres perfiles del capitalista: uno cercano, otro temido y otro desconocido. Los tres ídolos, la Santísima Trinidad: dinero, prestigio y poder; padre, hijo y espíritu santo.
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